Teoría

Los estados obreros burocratizados.
El caso Cuba

Miguel Díaz-Canel, proclamado por Raúl Castro como nuevo Presidente

[Continuando la serie de artículos teóricos y políticos que, desde el punto de vista de nuestra concepción trotskista-morenista, permiten comprender el carácter del estado y del régimen cubano y su evolución desde la toma del poder en 1959, reproducimos la Tesis XX de la “Actualización del Programa de Transición” escrita por Nahuel Moreno en 1980. El texto ha sido tomado de https://www.marxists.org/espanol/moreno/actual/apt_2b.htm#t20]

Los estados obreros burocratizados que surgieron en los países periféricos a los grandes centros imperialistas han sido el resultado de una combinación nacional excepcional de cuatro fenómenos mundiales: la crisis aguda del imperialismo, un colosal ascenso revolucionario, el tremendo poderío de los aparatos burocráticos pequeñoburgueses y la debilidad de nuestra Internacional.

La guerra de guerrillas que llevaron adelante las direcciones pequeñoburguesas oportunistas originó el triunfo de la revolución de febrero; después, un gobierno obrero y campesino que llegó a expropiar a la burguesía y que transformó al país en estado obrero burocratizado. En el ejército guerrillero oportunista se dan todas las condiciones del futuro estado obrero burocratizado: el movimiento de masas es disciplinado militarmente por la burocracia. La expropiación de la burguesía transformará a ese movimiento burocrático en estado obrero, pero sin cambiar su carácter. Por el contrario, es el movimiento guerrillero burocrático el que tiñe con sus características a ese nuevo estado obrero. Por culpa de sus direcciones pequeñoburguesas, las revoluciones se dieron sin que las masas se dieran organismos democráticos revolucionarios que les permitieran seguir desarrollando su movilización.

Cuba no ha sido una excepción. Al igual que todos los nuevos estados obreros, ha sido producto de un ejército burocrático hasta los tuétanos, el Movimiento 26 de Julio. El hecho de que el partido de Fidel Castro no fuera estalinista no cambia su carácter de ejército que controlaba militar y políticamente al movimiento de masas, sin dejar el menor resquicio para que se organizara independientemente en forma democrática y para que tuviera iniciativas revolucionarias.

Este carácter ha hecho que Cuba desde sus inicios sea un estado obrero burocrático, al igual que los estados obreros controlados por los partidos estalinistas.

Esto no quiere decir que no haya diferencias coyunturales y específicas entre unos y otros. Las diferencias radican en que el movimiento castrista era pequeñoburgués, nacionalista, antiimperialista y democrático en sus inicios y, en ese sentido, tendía a apoyar al movimiento nacionalista y democrático latinoamericano aunque con métodos pequeñoburgueses, a través de la guerrilla foquista alejada del movimiento de masas. Desde su propio comienzo, Cuba fue un estado obrero dirigido por una corriente pequeñoburguesa que controlaba burocráticamente a los trabajadores a través de su ejército.

El voluntarismo guevarista en relación con la economía cubana está emparentado con el voluntarismo maoísta y con el estalinista de los años del tercer periodo: era un típico voluntarismo pequeñoburgués. Su concepción del “hombre nuevo” era un típico planteo humanista pequeñoburgués que no creía en la clase obrera, sus luchas y sus iniciativas.

El hecho de haber dirigido una revolución obrera triunfante y de no ser stalinista no le cambia su carácter de clase pequeñoburgués al partido castrista. Es ese carácter de la dirección cubana lo que explica por qué pudo transformarse posteriormente, sin mayores sobresaltos y sin ningún salto cualitativo, en un partido estalinista: porque su carácter de clase la unía al estalinismo mundial.

Tanto los que sostienen que la dirección cubana es revolucionaria, como los que dicen —hoy en día— que es una dirección burocrática pero que en un momento fue revolucionaria y que hay que buscar el momento en que se transformó, atentan contra nuestro método y contra el análisis de la realidad. La dirección cubana permanentemente ha sido una dirección pequeñoburguesa, que se transformó de nacionalista revolucionaria a directamente burocrática, conservando siempre el mismo carácter pequeñoburgués y sin mayores sobresaltos, como ocurre con todas las corrientes pequeñoburguesas que dirigen al movimiento de masas.

El desarrollo económico orientado por la burocracia y aristocracia obreras hacia el desarrollo nacional lleva a una crisis crónica de la economía en los estados obreros deformados y los aproxima a la contrarrevolución burguesa. El desarrollo económico nacional no los independiza sino que, por el contrario, los liga cada vez más al imperialismo mundial. En otras palabras, mientras el imperialismo siga siendo dominante a escala de la economía mundial, los estados obreros nacionales estarán supeditados y serán parte, aunque contradictoria, de esta economía y de este mundo capitalista.

Hoy día vemos con toda claridad que la situación económica de los estados obreros deformados o burocratizados está íntimamente ligada al desarrollo de la economía capitalista mundial. Si observamos las distintas etapas de los estados obreros, veremos que la URSS se desarrolla en forma autárquica justamente cuando los distintos imperialismos entran en una etapa de autarquía. Posteriormente, cuando se produce la reconstrucción de la economía capitalista e imperialista mundial, paralelamente se produce la reconstrucción de la economía de los estados obreros. A medida que avanza el proceso de extraordinario desarrollo capitalista, de fantástica acumulación capitalista en los países más avanzados, comienzan a desarrollarse lazos cada vez más estrechos entre la economía de los estados obreros y la economía capitalista mundial. Y, a partir de 1974, cuando comienza una crisis creciente de los países capitalistas más avanzados, este fenómeno se refleja en la economía de los estados obreros que también entran en una crisis económica creciente, habiendo superado la etapa de la reconstrucción de la economía y de acompañamiento del extraordinario desarrollo del capitalismo mundial.

Respecto de los estados obreros, podemos señalar que tanto la política burocrática como la revolucionaria han originado y originan dos orientaciones económicas diametralmente opuestas. La de la burocracia es una economía de supeditación cada vez más grande al imperialismo. Cada etapa del desarrollo provoca crisis y contradicciones cada vez más agudas de sus economías, y las acerca a una situación de crisis crónica y de miseria agravada de los trabajadores. Esto plantea un dilema de hierro para que esa economía funcione: o se incorpora al mercado y a la producción capitalista mundial o se avanza a la revolución política para hacer que el movimiento obrero democráticamente acomode sus planes económicos al desarrollo de la revolución mundial.

La política de la burocracia de construir el socialismo en un solo país, lleva por consiguiente a una crisis crónica de la economía de los estados obreros, a agudas contradicciones y al planteo de la posibilidad de la contrarrevolución burguesa; en oposición a la política revolucionaria de Lenin y Trotsky de extender la revolución socialista mundial como única garantía de lograr una economía socialista en expansión. Sólo la política de desarrollar la revolución puede solucionar los problemas de las economías de los estados obreros, equilibrar su desarrollo, supeditándolo a los triunfos de la revolución socialista mundial.

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¿Es Cuba un país independiente?

Fidel Castro, Muamar Gadafi y Daniel Ortega en Harare, 1986

Damos continuidad a la serie de artículos teóricos y políticos que, desde el punto de vista de nuestra concepción trotskista-morenista, permiten comprender el carácter del estado y del régimen cubano y su evolución desde la toma del poder en 1959. Reproducimos la intervención de Nahuel Moreno en el Comité Ejecutivo Internacional de la LIT-CI en abril de 1986, respecto a los países que habría que definir como independientes del imperialismo. Invitamos a estudiar el tema. El texto ha sido tomado de http://nahuelmoreno.org/1986-abril-intervenciones-en-el-cei-de-lit-ci/

Sobre los países independientes del imperialismo

Simón plantea el problema de los países independientes. Lo primero que tenemos que decir es que es un acierto de nuestras Tesis [de la LIT-CI] haber definido los distintos tipos de países: coloniales, semicoloniales, dependientes, e independientes. [Hay que] retomar esta vieja calificación y definición de la época leninista, que había sido perdida durante décadas por el movimiento marxista y trotskista. Y no es casual que nosotros la hayamos redescubierto últimamente, porque es cuando este fenómeno más se ha dado y entonces, lógicamente, volvimos a teorizar sobre esta cuestión.

Hay países independientes: lo muestra el hecho de que el imperialismo los ataca. Y si los ataca no es porque son dependientes de él, sino porque son independientes.

Entrando ya al problema de nación aliada. [La definición de] nación aliada me parece muy peligrosa desde el punto de vista teórico. Yo comprendo la intención del compañero Simón: quiere trasladar a escala mundial la relación que se establece a escala nacional con las clases explotadas. Pero tiene el grave peligro de olvidar que son países capitalistas. Y por ser países capitalistas, ¿el Estado libio actual es aliado del proletariado libio?, ¿el proletariado italiano, los obreros de la Fiat, de la cual Khadafi tiene el 15%, Libia tiene el 15%, es aliado de [Khadafi, o] inclusive de Libia? Porque es Libia la que es dueña del 15% de la Fiat.

Es decir, la palabra “aliado” es peligrosa. No sé por qué tenemos que cambiar lo que nosotros [siempre sostuvimos: que] lo defendemos incondicionalmente de todo ataque del imperialismo. Y en ese sentido sí, cuando lo atacan, somos defensores, somos más que aliados. Pero siempre manteniendo la diferencia de clase, que es distinta.

Porque me parece, Simón, que vos olvidás el problema de los Estados. La existencia de un Estado es un hecho fundamental en sí [mismo]. Por ejemplo, dentro de Colombia hay unidad con el campesinado porque el campesinado no dirige ni a la policía, ni al ejército, ni es un Estado ni nada por el estilo. Y entonces nosotros somos aliados de ellos porque todo lo que ellos hacen va contra el Estado, pero [Estado] no en el sentido de país sino en el sentido de aparato gubernamental y esencialmente policial y del ejército. Y nosotros somos enemigos mortales, mortales, del ejército de Khadafi, de la policía de Khadafi y del gobierno de Khadafi. Y entonces, si nosotros decimos [que son] aliados da la impresión de que hacemos [alguna] concesión.

Nosotros defendemos a Libia, defendemos el derecho de los libios de tenerlo a Khadafi gobernando, si ellos lo votan; atacamos que no haya democracia, atacamos la política terrorista de Khadafi [definiéndola] como una política criminal. Creemos que Khadafi no hace nada para ganar al proletariado europeo, no hace nada para ganar al proletariado yanqui.

Por ejemplo, el dinero que utilizó en la Fiat. Si planteara en Italia que con ese dinero va a hacer industrias en Libia controladas por el movimiento obrero italiano junto con el movimiento obrero libio —pero para eso tendría que ser un Estado obrero—, ganaría la simpatía de todo el proletariado italiano, o de todo el proletariado español, donde hay tantos desocupados. Y sin embargo emplea su dinero para ser socio casi mayoritario, uno de los más importantes, de la Fiat y de otras empresas. Khadafi es gran explotador del proletariado europeo.

Entonces no veo la ventaja de decir “nación aliada”. Sé lo que quieren decir, pero no veo la ventaja; [no es] superior a lo que nosotros decimos. Defendemos a muerte su independencia. Sabemos que son independientes, queremos que sigan siendo independientes, pero no van a poder seguir siéndolo si no hacen la revolución obrera, es decir, si no voltean a Khadafi. Khadafi es un Caballo de Troya en la independencia. Ya fue pro yanqui [fanático]. [Como] no conozco bien la historia libia no sé por qué cambió, porque él fue un hombre muy ligado al imperialismo yanqui. Él no surgió en contra del imperialismo yanqui al principio.

Acá Simón planteó también [la cuestión de los] países independientes y de [la] necesidad de unas tesis. Sí, tanto que yo opinaba que, si tenía tiempo, [iba a] escribir una resolución. Yo opino que sí, que hay una diferencia en relación a los gobiernos. Que nosotros tenemos que actuar con esos gobiernos exigiéndoles cosas mientras tengan el apoyo del movimiento de masas, por ser independientes. Al revés de nuestro enfrentamiento total contra los gobiernos semicoloniales, que son agentes del imperialismo. Ellos no son agentes del imperialismo. Pero [actuamos así] para desenmascararlos ante el movimiento de masas. ¿Está claro o no? No los podemos desenmascarar enfrentándolo en forma violenta sino diciendo qué es lo que hay que hacer para que el país sea cada vez más independiente. Mientras en un país semicolonial nosotros planteamos “Abajo el gobierno”, acá tiramos al gobierno planteándole un programa transicional permanente sobre la base de [que el] país sea cada vez más independiente.

Porque en todas estas revoluciones que nosotros llamamos democráticas o de liberación nacional, aunque se ejecuten, se produce una combinación muy interesante: todas muestran su carácter socialista y la necesidad de desarrollarse como revolución socialista por la crisis económica mundial. Se produce una combinación política-económica. Hoy día, y rápidamente, ya a los seis meses de que un país logre su independencia nacional, su liberación nacional, ya tiene planteadas, inmediatamente, tareas socialistas y la revolución socialista no sólo nacional sino internacional. Pero [se las plantean] como la única forma de defender su independencia.

Toda la política de la pequeña burguesía o de la burguesía nacional al frente de estos estados lleva siempre a la pérdida de la independencia; es siempre un callejón sin salida. Son direcciones que, por razones profundas de tipo económico-social, son contrarrevolucionarias históricamente, a la larga, inevitablemente, por su propio carácter. Porque frenan, controlan al movimiento de masas. Ocurre todo lo que Fidel está describiendo de Cuba. El mismo está contando cómo es Cuba ahora.

Entonces creo que tiene que haber una táctica distinta para estos gobiernos. Pero táctica que no puede ser de apoyo, sino de exigencia y crítica, exigencia y crítica, y plantear esas exigencias en nombre de profundizar la independencia, que el país sea cada vez más independiente.

Por ejemplo, en Nicaragua nosotros tenemos que exigir al gobierno que expropie a toda la burguesía, porque de hecho es toda la burguesía la que sirve a los contras. Tomando ese hecho, exigirle al gobierno. Y por esa vía criticarlo: “Es un gobierno limitado, es pequeñoburgués, y entonces, por ser limitado, no avanza”. Tenemos que plantear lo de Contadora,[1] que nosotros los trotskistas teníamos razón, que había que extender la revolución, y que Nicaragua tuvo un momento [oportuno] para apoyar la revolución en el área y lograr en un año la revolución en toda el área. [Tenemos que] señalar el crimen de no haber llamado a la Asamblea Constituyente. Después han tenido que llamar a unas elecciones exigidas por el imperialismo, etcétera, etcétera.

Con la política militar, también. Bueno, todo. Pero con carácter de exigencia, mientras [que hacia] los otros gobiernos es el enfrentamiento total. Nosotros llamamos a la lucha contra esos gobiernos. [En cambio, contra los gobiernos independientes] luchamos en forma indirecta. Pero es lucha también, porque llamamos al movimiento obrero a no aceptar ningún sacrificio ni nada mientras esté ese gobierno. Es decir, nosotros exigimos las huelgas… Por ser Estados capitalistas, todas, todas las luchas específicas del movimiento obrero para nosotros son sagradas. Si fuera un Estado obrero y revolucionario nosotros podemos llamar a los domingos rojos del trabajo, a cualquier otro tipo de sacrificio. Allá tenemos que, en principio, estar totalmente en contra, porque el movimiento obrero no controla al Estado. Es decir, frente a toda la crisis, que la paguen los ricos, que no es la política del sandinismo.

[?]: Es una política parecida a la que Trotsky tuvo para la URSS bajo Stalin.

Moreno: Muy parecida, porque, cuando se acercaba la posibilidad de guerra, Trotsky le propuso a Stalin una o dos veces que lo dejara entrar. Tomaba [a la URSS] como Estado obrero y pedía a ver qué se podía coordinar para luchar juntos contra el imperialismo. Pero además hay un problema, y es que, para nosotros, las masas no están con la burocracia sino contra la burocracia. Y no se olviden que [para] los países independientes yo dije que tiene que reunir dos condiciones: ser gobierno de país independiente y gozar del apoyo masivo de las masas. Dos condiciones, no una sola.


[1] Grupo Contadora: formado por los gobiernos de México, Colombia, Panamá y Venezuela y apoyado por Fidel Castro, para frenar el desarrollo de la revolución centroamericana, en especial en Nicaragua, El Salvador y Guatemala. Tomó el nombre de la isla Contadora, en Panamá, donde se celebró la primera reunión el 7 de enero de 1983.

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¿Qué pasa en Cuba?

Las recientes manifestaciones de protesta en Cuba, la respuesta represiva del gobierno de Miguel Díaz-Canel y las diversas versiones que sobre dichos acontecimientos han presentado los grandes medios de comunicación, han provocado una discusión de fundamental importancia entre las organizaciones que luchamos por el socialismo.

La revolución cubana de 1959 se convirtió en un punto de referencia para los revolucionarios del mundo, por la originalidad del proceso a cuya cabeza estuvo el Movimiento 26 de Julio de Fidel Castro, devenido luego en Partido Comunista de Cuba subordinado a la burocracia soviética.

Evaluar la situación política actual en la isla, caracterizar hasta dónde ha avanzado el restablecimiento de las relaciones capitalistas de producción y qué tipo de régimen político es el que encabeza Díaz-Canel, es indispensable para definir con qué política resistir al bloqueo económico yanqui, y la lucha por la democracia obrera para defender lo que queda de las conquistas económicas y sociales de la revolución socialista.

Para contribuir a esa discusión publicaremos una serie de documentos teóricos y políticos elaborados por nuestra corriente trotskista.

Dos políticas para Cuba y los Estados Obreros[1]

Nahuel Moreno

La economía cubana sufre de los mismos males que la de los otros estados obreros totalitarios. Es una crisis aguda, crónica y cada día más grave. Ha llegado la hora del balance de las dos políticas que se enfrentaron en Cuba y en todos los estados obreros: la estalinista y la trotskista.

El estalinismo y muchos admiradores intelectuales de sus realizaciones nos han atacado a los trotskistas por utópicos, idealistas, y que no partimos de la realidad ni logramos proyectar planes reales. En contraposición, el estalinismo era realista, lograba lo que se podía lograr: el socialismo en un solo país, contemporizando con la burguesía mundial. Nada de desarrollar la revolución mundial, eso era infantilismo de izquierda, trotskismo, un delirio que sólo servía a la contrarrevolución.

A estos argumentos nacionalistas y falsamente realistas los trotskistas hemos opuesto la política de la revolución permanente, internacional, como la única verdaderamente realista. Para nosotros, lo utópico es querer construir el socialismo en un solo país y para colmo atrasado o muy atrasado. Los planes económicos hechos en la perspectiva de décadas y décadas de desarrollo dentro de fronteras nacionales llevarían inevitablemente a una crisis aguda de esas economías, aunque se haya expropiado a los explotadores nacionales.

Por unos años, la economía nacionalizada cumple un rol muy progresivo, la dirija quien la dirija, por el solo hecho de haber sacado a los explotadores. Es así como la Cuba castrista, igual que los otros estados obreros, logró superar el problema de la salud y el analfabetismo. Pero a medida que se desarrolla la economía nacional, esta entra en crisis, porque la economía hoy día es mundial y no cabe dentro de ninguna frontera nacional, por más obrera que sea.

Los trotskistas, durante décadas dijimos que cuanto más se desarrollaran las economías nacionales obreras, mayor sería su crisis. El estalinismo y el castrismo nos decían lo contrario: cuanto más desarrollemos la economía nacional, mejor estaremos. Kruschev llegó a decir que en el año 1980 Rusia llegaría al comunismo y superaría de lejos a la economía yanqui. Al llegar el año 1980, la economía rusa sufre una crisis más aguda que nunca y su dependencia de los granos y de la tecnología imperialista es más grande que nunca.

La otra cara de esta crisis mundial es el desarrollo de la producción armamentista provocado por la subsistencia de las fronteras nacionales: todos los países sin excepción se arman hasta los dientes.

Es que la verdadera solución económica es política: desarrollar la revolución mundial, movilizar a los trabajadores del mundo para hacer la revolución, logrando que cada país donde ella triunfe se una indisolublemente, liquidando las fronteras, a los otros donde se expropió a la burguesía.

Si esta política trotskista se llevara a cabo hoy día tendríamos un solo país socialista obrero, sin fronteras, desde China a Cuba pasando por la URSS. La unidad político-económica provocaría un colosal desarrollo económico. Un solo ejemplo: Siberia está prácticamente deshabitada; China, que limita con Siberia, está superpoblada. Si no hubiera fronteras entre Rusia y China, cien, doscientos millones de chinos colonizarían Siberia y transformarían al único estado obrero dos veces más poderoso que Estados Unidos al cabo de pocos años.

Esta política realista, al alcance de la mano, no se puede llevar a cabo porque tanto la burocracia moscovita como la pequinesa están por el desarrollo y control totalitario de su estado nacional y en contra de la revolución permanente.

¡Cuánto mejor estaría hoy día la economía cubana si Fidel y el Che hubieran desarrollado la construcción de partidos marxistas revolucionarios con influencia de masas cuando estaban en su apogeo, para que tomaran el poder y se unieran esos países a Cuba en una sola Federación de Repúblicas Socialistas!

El crimen de la burocracia gobernante, en este caso de Cuba, no sólo es imponer un régimen totalitario a los trabajadores cubanos sino, tanto o más grave, es el de no desarrollar la revolución mundial, limitándose a desarrollar el socialismo en un solo país. Es la otra cara de una política pequeño-burguesa, burocrática. Los hechos están ahí como balance final: la política estalinista es la responsable de la crisis económica crónica. La trotskista hubiera evitado esa crisis o, como mínimo, hubiera de verdad mejorado la economía de los estados obreros, debido a dos fenómenos que combinados serían la única solución: democracia interna para desarrollar la iniciativa de los trabajadores en todos los niveles, y desarrollo de la revolución mundial para unir indisolublemente, en una sola nación o federación, a todos los países que expropiaron a la burguesía.


[1] Anexo del artículo ¿Por qué Fidel negocia en secreto con Reagan?, publicado en la revista Correo Internacional, Año 1, # 6, mayo de 1982. [Nota del editor: Al no disponer del original, para esta publicación nos hemos apoyado en la versión electrónica de enero de 2002 que aparece en http://www.lct-cwb.be/images/pdfs/Moreno_es/27_NM.pdf  contrastándola con la que aparece en revista Marxismo Vivo, Año I, No. 1, noviembre de 2010; realizando ajustes mínimos de redacción. Se respetaron las negritas del texto que aparecen en la versión electrónica de 2002 que no aparecen en la publicada por Marxismo Vivo].

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Lecciones del paro

Movimiento de masas, violencia y terrorismo

Noviembre 21 de 2019 – Bogotá

El artículo que publicamos fue escrito al calor del Paro Nacional en Colombia el 21 de noviembre de 2019, por Edgar Ospina Duque. Firmado bajo seudónimo (Quintín Lame) tuvo una difusión limitada en ese momento.
El Paro del 28 de abril de 2021, que para la fecha de publicación de este texto llega ya a su décimo-sexto día ha tenido muchos aspectos similares al del 2019. Las reflexiones del compañero Edgar tituladas “Movilización, violencia y terrorismo” y los elementos de balance y perspectivas que presentó en 2019 tienen plena vigencia y actualidad. Llamamos a los activistas revolucionarios a leer con atención el texto pues muchas enseñanzas se pueden extraer de él.
La muerte del autor en noviembre de 2020 significó una pérdida enorme para el movimiento trotskista en general y para el colombiano en particular. Al difundir el presente texto Democracia Directa y el Grupo de Trabajadores Socialistas rendimos de nuevo homenaje a la memoria del autor.

Edgar Ospina Duque

Movimiento de masas,
violencia y terrorismo

I.

Se ha abierto en el mundo, y de manera particular en América Latina, una coyuntura signada por una oleada de movilizaciones y luchas de las masas. Son destacables las de Francia, Hong Kong, Irak, Irán, el Líbano, Cataluña, Ecuador, Perú, Uruguay, Brasil, Argentina, Bolivia, Venezuela, República Dominicana y Colombia, entre otras.
En América Latina, sin ninguna duda, la pauta la han dado las masas ecuatorianas, que han hecho retroceder al gobierno de Lenin, y las chilenas, a las que todavía no ha podido domesticar totalmente Piñera. El impacto de estos dos últimos procesos sobre todo el continente ha sido inequívoco y ha puesto no sólo nerviosos sino histéricos a los sectores más reaccionarios de la burguesía, los terratenientes, los generales del Ejército y al imperialismo, encabezado por los EE.UU.

II.

Tres elementos centrales signan la coyuntura mundial y continental: la crisis económica capitalista que sume a millones en la miseria y el desespero; las masas movilizadas, con algunas direcciones reformistas al frente y sin una dirección revolucionaria; la violencia revolucionaria y contrarrevolucionaria traducida en algunos actos de terrorismo, de vandalismo o acciones de sectores del lumpemproletariado, por un lado, y en la represión violenta de los gobiernos a estos alzamientos de las masas.
No hay nada a lo que tengan más miedo la burguesía, los terratenientes, el imperialismo y las direcciones burocráticas que a la movilización de las masas. Esta los pone nerviosos, histéricos y, entonces, sin ningún tipo de escrúpulos democráticos, acuden a la combinación de todas las formas de lucha para combatir a los trabajadores, los campesinos, los estudiantes, las minorías nacionales y étnicas, sexuales, de género, etc. Utilizanla demagogia, las mentiras, las amenazas, la militarización, el asesinato, la persecución, el destierro y la cárcel, entre otros medios.
Las medidas contra las movilizaciones las aplican amparados en el monopolio de la violencia institucionalizada al tener el control del Estado capitalista y del gobierno. No olvidemos ni por un segundo que, como señala el Manifiesto Comunista “el poder político, hablando propiamente, es la violencia organizada de una clase para la opresión de otra”.
En la coyuntura actual, para no ir más atrás, ya hay en todo el mundo miles de heridos, centenares de muertos, miles de encarcelados, perseguidos y amenazados por la violencia reaccionaria, contrarrevolucionaria, ejercida desde el poder en nombre del orden establecido y en defensa de la propiedad privada del 1% de los ricos y los multimillonarios que se han apropiado durante años del trabajo y la riqueza de toda la sociedad.
No hay que dejarse atrapar en la ofensiva ideológica de la burguesía y el imperialismo que afirman que lo que están haciendo es defendiendo, con la violencia estatal, los intereses de toda la sociedad. No hay que olvidar ni por un segundo que “toda la sociedad” y el “interés general”, son una mentira detrás de la cual están las clases sociales y la lucha de clases; que el Estado capitalista es la encarnación de la violencia institucionalizada de la clase dominante contra los trabajadores y las masas populares.
Desgraciadamente las direcciones sindicales y políticas reformistas y, lo que es más grave, las organizaciones políticas que se reclaman de izquierda, incluso socialistas, han sido incapaces de responder de inmediato a esta ofensiva ideológica, política y práctica de la burguesía y el imperialismo. Han dejado correr libremente la mentira y el engaño de que los únicos que pueden y tienen derecho a ejercer la violencia son los que tienen el poder y que los trabajadores y las masas populares, lo único que pueden es marchar de rodillas, con los brazos cruzados y rezando el padrenuestro que estás en los cielos santificado sea el nombre del Hermano Mayor o el Gran Hermano, del Ministerio del Amor, encargado de torturar y castigar; el Ministerio de la Paz, el cual garantiza que la guerra continúe; el Ministerio de la Abundancia, que administra la riqueza de los ricos y la pobreza de los pobres y el Ministerio de la Verdad, encargado de reescribir la historia, manipular la información y mentir sistemáticamente para que todo lo que se informe a la gente coincida con la versión oficial del Hermano Mayor, el Gran Hermano y sus ministros.[1] Para rematar, una tropilla de “periodistas” que en su mayoría están al servicio directo del capital, el imperialismo y que también mienten de manera sistemática, santifican y bendicen lo anterior.

III.

Las masas movilizadas, movidas por la indignación, la informalidad, el desempleo, la pobreza, la desigualdad, el hambre, la corrupción de los de arriba, los ataques a la naturaleza, a las mujeres, a los homosexuales, a las minorías negras e indígenas, etc., lo único que pueden hacer en ciertos momentos de la lucha –y ante su estado de indefensión y debilidad– es responder a la violencia oficial de los ejércitos, las policías, las fuerzas de inteligencia, los provocadores del gobierno y de la extrema derecha, con actos de violencia en legítima defensa.
Así como hay violencia oficial, reaccionaria y contrarrevolucionaria, también puede haber violencia de las masas en defensa propia o como expresión de su indignación y odio. Muchas veces esas expresiones de indignación se dirigen contra entidades e instituciones que simbolizan la corrupción, la arbitrariedad y la defensa de los privilegios de los ricos: sedes de los Ministerios, de la justicia parcializada y corrupta, sedes del capital financiero, etc.
No olvidemos lo que alguna vez dijo Marx refiriéndose a este tipo de actos ejercidos por las masas como expresión de su indignación, ante su debilidad y como defensa contra la brutalidad de las clases dominantes: “Los obreros no sólo no deben oponerse a los llamados excesos. A los actos de venganza popular contra individuos odiados o contra edificios públicos que el pueblo sólo puede recordar con odio, no sólo deben tolerar tales actos, sino que deben tomar su dirección…[2]

IV. Clase obrera y pacifismo

El método de lucha de la clase obrera, del campesinado pobre, de la juventud, de las minorías nacionales y étnicas, etc., no debe ser el pacifismo. Deben partir de reconocer que el imperialismo y la burguesía (la colombiana con creces) no se contentan con el Ejército, la policía y los organismos secretos legales; siempre organizan o toleran que se establezcan bandas privadas armadas para que completen el trabajo de los organismos oficiales de represión y para que hagan las veces de rompehuelgas. Esta ha sido y seguirá siendo la práctica de las burguesías de los Estados Unidos, de Europa y de los países semicoloniales, como los de América Latina.
Desde principios del presente siglo cuando el capitalismo y sus regímenes democráticos (parlamento, justicia, partidos, etc.) entran en crisis política, la burguesía acude a todos los métodos posibles para mantener la explotación y la dominación: guerras de rapiña, contrarrevolución armada, bandas paramilitares, jueces corruptos, periodistas a sueldo, falsos llamados a la unidad de la nación. Entretanto, de hecho, echan combustible al odio y a la lucha de clases, en defensa de sus privilegios y del poder que detentan.
La respuesta a esta política y a este procedimiento burgués no puede ser el atentado terrorista y la acción individual; métodos que la clase trabajadora y nosotros descalificamos y condenamos. Tampoco el guerrillerismo, con sus acciones desligadas del movimiento de masas, la mayoría de las veces desacertadas, y que intentan sustituir la movilización directa y organizada de los trabajadores y las masas.
Pero la opción no puede ser el pacifismo, el culto a la legalidad y el reconocimiento de que los únicos que tienen el derecho a ejercer la violencia son las clases dominantes y el gobierno. Los trabajadores, sus direcciones y el movimiento de masas nunca se pueden comprometer en general a actuar pacíficamente. Tienen todo el derecho a defenderse de la violencia reaccionaria, del ejercicio autoritario del poder, de las bandas paramilitares, de los provocadores policiales, etc. Desde luego, todas estas acciones en el marco y el contexto de la movilización colectiva, organizada y como parte orgánica de ésta.
En casos de extrema necesidad la clase obrera y los trabajadores pueden organizar los piquetes y grupos de autodefensa de la clase obrera, supeditados a las decisiones colectivas de los trabajadores y las masas populares. Sólo destacamentos de obreros, campesinos, indígenas, negros, mujeres, etc., bien entrenados, que dispongan de los medios necesarios y que sean la expresión de miles y miles de trabajadores, se pueden oponer con éxito a la violencia oficial, a las bandas paramilitares y de narcotraficantes, detener los asesinatos y desapariciones, etc. La respuesta a la represión estatal, a los matones y asesinos a sueldo, tiene que partir del propio movimiento obrero, de las propias masas, y responder siempre a la experiencia de ellas mismas.

V.

La violencia ha sido, es y seguirá siendo la partera de la historia. La burguesía, el imperialismo y, en general, quienes están en el poder, siempre reclaman para ellos y sólo para ellos el derecho de acudir a la violencia contra todos aquellos que cuestionen su poder.
Violento fue el proceso de destrucción de la comunidad primitivay de la propiedad colectiva, para darle existencia a la propiedad privada, al Estado y a la sociedad esclavista. Violenta fue la defensa que hicieron los esclavistas de la sociedad que ellos disfrutaban contra la sublevación de los esclavos; bastaría recordar la suerte que corrieron Espartaco y los compañeros de lucha. Violento fue el tránsito de la esclavitud al feudalismo y violenta la defensa que de esta sociedad hicieron las monarquías, los nobles y la propia Iglesia. Recordemos la “Santa Inquisición”. Violenta fue la transición del feudalismo al capitalismo; basta recordar la revolución norteamericana, la Revolución Francesa (1789) y la decapitación de los reyes en la Bastilla, la Revolución Industrial, etc.
El capitalismo vino al mundo chorreando sangre por todos sus poros, de los pies a la cabeza. Violento fue el intento de sustituir el capitalismo por el socialismo; baste recordar la Revolución de 1848, la Comuna de París y la Revolución Rusa de 1917.  Las burguesías de las semicolonias y el imperialismo han defendido a sangre y fuego el capitalismo y los privilegios que surgieron para ellos con las revoluciones burguesas. Por eso reclaman el monopolio de la violencia en nombre de la sociedad en general y del interés general. Por eso han tratado de reglamentar al máximo el ejercicio de los derechos democráticos por parte de las masas, de los derechos de movilización, asociación, protesta y rebelión.

VI.

No hay que descartar que algunos de los procesos de lucha en curso o los que puedan presentarse en el futuro adquieran características insurreccionales. Mejor dicho, ya ha habido expresiones concretas en este sentido. Por eso no sobra recordar las viejas, pero siempre actuales enseñanzas de la Historia y de las experiencias pasadas.

Pero ahora bien; la insurrección constituye un arte lo mismo que el de la guerra o cualquier otro, y está sujeto a ciertas reglas y procedimientos que, cuando se descuidan, ocasionan la ruina del partido que se permite abandonarlas.
Estas reglas, lógicamente deducidas de la naturaleza de los bandos y de las condiciones mediante las cuales se ha de conducir cada una, según los casos, son tan sencillas, que la breve experiencia de 1848 en Alemania las dio a conocer perfectamente en el país.
En primer lugar, no se jugará nunca con las insurrecciones, a no ser que se cuente con los medios necesarios para atenerse a las consecuencias de dicho juego. La insurrección constituye un cálculo, cuya proporción puede variar y aumentar indefinidamente, y las fuerzas opuestas pueden dominar habitualmente en organización, disciplina y todo género de ventajas; es preciso contar en todo caso con una superioridad enorme para evitar el descalabro y la ruina. En segundo lugar, una vez emprendido el camino de la insurrección, es menester obrar con la mayor determinación y siempre llevando la ofensiva. La defensiva equivale a la muerte de todo bando que la adopta y equivale a su derrota, aún antes del momento mismo de comenzar la lucha con los enemigos. Es preciso sorprender a los adversarios, mientras éstos se dedican a preparar sus fuerzas, y hay que procurar  obtener siempre y diariamente nuevas victorias, aunque estas sean escasas; una vez conseguido el ascendiente moral con dichos triunfos, hay que trabajar por atraerse  a los elementos dispersos y vacilantes, que siempre suelen colocarse al lado del que va ganando, buscando el modo de salir beneficiados; también hay que obligar al enemigo a retirarse, con el fin de evitar que pueda disponer sus fuerzas para el ataque, y, últimamente, no deberán olvidarse nunca palabras tan conocidas de Dantón, el gran maestro en cuestiones revolucionarias: “¡Audacia, audacia y siempre audacia!”[3]

VII. Colombia y el paro del 21 de noviembre de 2019

a) Como paro nacional hay que decir que fue muy parcial, el proletariado industrial no paró. Como movilización fue un éxito, los datos que se han suministrado a nivel nacional fue que se movilizaron más de un millón de personas, en lo fundamental de los sectores estudiantiles, populares, minorías indígenas, negras, de género, barriales, de trabajadores estatales y un sector muy pequeño de la clase obrera industrial. Es el paro y movilización más importante de las últimas décadas, superior a la huelga general que derrocó la dictadura de Rojas Pinilla en 1957 y que el Paro Cívico de 1977. Pero la lucha no terminó con la movilización inicial.
A las 7:30 de la noche del jueves se inició un cacerolazo contra el gobierno en todo Bogotá y se extendió a buena parte del país como parte del movimiento desarrollado durante todo el día. El viernes, la movilización y los cacerolazos continuaron. Ya van cuatro días (jueves a domingo) y todo parece indicar que seguirá su curso el 25 de noviembre.
b) Las movilizaciones y los cacerolazos han sido masivos y se han combinado con varios focos de enfrentamiento de los manifestantes con la fuerza pública. También se han dado acciones de saqueo y destrucción de instalaciones públicas. No hay que olvidar que, así como existe en las clases dominantes una lumpemburguesía corrupta –que se roba el dinero público, contrabandea, hace minería ilegal, trafica, financia al paramilitarismo y asesina– hay, igualmente, una burguesía capitalista que en los últimos treinta años vandalizó a los trabajadores informalizándolos, lanzándolos al desempleo, dejándolos sin derecho a las pensiones, a prestaciones sociales, estabilidad en el trabajo, etc. También, entre los explotados y oprimidos, hay sectores lumpenizados que aprovechan las luchas de las masas y el desorden para salir a saquear, a robar y a desahogar su bronca y resentimiento contra los edificios públicos, sin descartar que en estas actividades también participe un sector indignado con tanta desigualdad y opulencia de las clases poseedoras.
Ha sido reconocido por el régimen que fueron movilizaciones ordenadas y tranquilas, pero al final de las mismas en Cali, Medellín y Bogotá, y en muchos otros lugares, se produjeron enfrentamientos con la policía, destrucciones y saqueos. Es muy importante tratar de caracterizar social y políticamente los sectores que al final participaron en los enfrentamientos. Daría la impresión de que son sectores heterogéneos, posiblemente desde extremo izquierdistas, sectores lúmpenes, provocadores, de uno y otro lado, agentes infiltrados por los organismos de seguridad y no descartar incluso manifestantes que no estaban encapuchados y a quienes los movió el odio y la indignación contra el régimen, el gobierno y sus políticas reaccionarias.
c) Durante los meses anteriores la dirección sindical y política de los trabajadores, es decir la CUT, la CGT y la CTC, el Polo, el petrismo, los liberales, los del partido de U., etc., como una manera de entretener a los descontentos y los radicales tuvieron como política mantener “funcionando” un Comando de Paro cuya especialidad era convocar los paros para no hacerlos y diluir todo en una movilización o marcha hacia la Plaza de Bolívar.
Inicialmente la fecha de este paro (del 21 de noviembre) la habían planteado para enero, pero la presión desde abajo los obligó a programarla para el 21 de noviembre. Más que su capacidad y voluntad de convocatoria, se presentaron varias circunstancias objetivas que fueron determinantes para el éxito del paro.
d)
El paro y la movilización del 21 de noviembre en Colombia se debió no tanto a la capacidad de convocatoria de la dirección sindical (minoritaria, con un 4.5% de los trabajadores sindicalizados, las CGT y CTC más cerca del régimen y la patronal que de sus afiliados, y una CUT profundamente reformista) o a una política de orientar la movilización. El paro, en verdad, se debió a la desigualdad, a la injusticia y la violencia acumuladas durante más de treinta años, al ejemplo y la influencia del ascenso de masas a nivel internacional (Hong Kong, Cataluña, Irán, el Líbano, Ecuador, Chile). A la concreción del paro contribuyó, igualmente, el empuje del movimiento indígena y estudiantil, y la prepotencia y política reaccionaria del gobierno de Uribe-Duque ante cualquier asomo de protesta social. A estos factores, hay que añadir dos elementos centrales para el análisis de la coyuntura: la debilidad de la clase obrera industrial y la profunda crisis de dirección revolucionaria. Estos dos elementos son válidos, no sólo para Colombia, sino para todo el proceso del continente.
e)
Algunas de las circunstancias que directamente influyeron para la realización del paro han sido: 1) El ascenso y las luchas en el mundo y América Latina; 2) Los problemas objetivos existentes como son los asesinatos de luchadores, el bombardeo de los niños; 3) Los anuncios de los ministros de Hacienda y Trabajo sobre contrarreformas lesivas a los trabajadores; 4) La desigualdad reinante en el país; 5) Las luchas de los estudiantes que vienen de atrás; 6) La lucha de los indígenas, que también viene de atrás; 7) La convocatoria que, a regañadientes, hizo la dirección sindical y política, y 8) La posición de los liberales, la U y Cambio Radical que hicieron un pequeño movimiento para hacerle oposición al gobierno.
f)
Como todo indica que las movilizaciones van a continuar, el gobierno ya anunció el inicio de un dialogo a partir del lunes 25 de noviembre. Pero en gran medida este es una maniobra para tratar de desactivar la lucha y para dividir. Por eso ha llamado primero a los alcaldes, gobernadores, y seguirá con los empresarios, etc. Tendría que haber llamado en primer lugar al Comité de Paro Nacional, no sólo a las centrales, a todo el Comité de Paro; hasta el Procurador ha planteado que cualquier discusión tendría que empezar con todos los organizadores y convocantes del Paro y del movimiento.

VIII. La dirección, el problema fundamental

a) Tanto el paro como la movilización no tienen una dirección centralizada, seleccionada y elegida democráticamente. Se expresa en toda su magnitud la crisis de dirección del movimiento obrero y del movimiento de masas, elemento común a todos los movimientos y luchas de América Latina y del mundo. Igualmente existe una débil presencia del proletariado industrial.
b) La CUT, la CGT y la CTC, sólo tienen organizado un 4% de los trabajadores, fundamentalmente estatales, agrícolas y pequeños núcleos del proletariado industrial. Las direcciones de la CGT y la CTC, cuando deciden ladrar al régimen y a los empresarios lo hacen echados y moviendo la cola en señal de servidumbre y amistad. Son direcciones que están más cerca del régimen y de los empresarios que de los trabajadores. En la firma de la declaración conjunta con los empresarios y el gobierno, se expresó una vez más esa postura. Este sector político sindical le puede causar mucho daño al desarrollo del movimiento y en ningún momento se les debe dejar la vocería de la lucha a ellos y de manera especial a Julio Roberto Gómez[4], un hombre de los empresarios y del régimen.

IX. Algunas propuestas

a) Las tres centrales obreras (CUT, CGT y CTC) y la organización de los pensionados no son la dirección de todo el movimiento obrero y popular ni se pueden apropiar su representación ante el gobierno. Tampoco lo son el Comité Nacional de Paro, ni los partidos políticos de oposición, que tan solo están pensando en las próximas elecciones presidenciales. De la Comisión Nacional de Concertación y conciliación de políticas laborales hacen parte las tres centrales obreras y los pensionados. El gobierno ha planteado que cualquier discusión sobre reforma laboral y pensional será llevada a aquella Comisión. En esta Comisión los delegados del Gobierno y los empresarios son absoluta mayoría y lo que allí impongan será luego llevado a un Congreso, corrupto, vocero incondicional del imperialismo, las multinacionales y los empresarios. Estos procedimientos y estos organismos hay que rechazarlos.
b) Hay que exigir que se convoque un Encuentro Obrero y Popular en el que estén presentes todos los sectores obreros y populares, y en el que se pueda conformar un organismo donde estén representados todos: el sector minoritario del movimiento obrero y de los trabajadores como son la centrales obreras, es decir el 4% de la población económicamente activa; donde estén representados los informales, los desempleados, que son el 96% de la población económicamente activa y que va a ser uno de los sectores más afectados con las nuevas normas laborales y de seguridad social; donde estén representados los jóvenes y el movimiento estudiantil; el movimiento indígena y los negros; las mujeres, el movimiento LGBTIQ, el movimiento campesino, es decir, una verdadera dirección de todo el movimiento obrero, popular y social.
c) Que en ese encuentro se defina una plataforma donde se integren las reivindicaciones de todos esos sectores y que sea con esa dirección y con esa plataforma que se siga desarrollando la lucha. Eso quiere decir que cualquier reunión con el gobierno y los empresarios tendrá que hacerse con esa dirección y que esta no puede dejarse dividir por el gobierno, atendiendo llamados a reuniones parciales.
d) No descartar la exigencia de una Asamblea Constituyente, democrática y soberana, convocada de manera inmediata y a la que puedan ser candidatos todos los ciudadanos mayores de 18 años, sin ningún otro requisito. A esa Constituyente no podrán presentarse ni congresistas, ni ex congresistas, ni expresidentes, ni miembros de las direcciones de los gremios empresariales, es decir, los responsables, directos o indirectos, de la actual crisis y del despojo del que han sido víctimas los trabajadores y los pobres en los últimos treinta años de neoliberalismo.
Esta Constituyente no sería para hacer cambios a la Constitución, sino para tomar decisiones concretas sobre la solución de los problemas planteados por la movilización y la lucha.
e) Concretar puntos del programa y medidas inmediatas:

1.- Tumbar la reforma tributaria que se discute en el Congreso y que exime de impuestos a los empresarios.
2.- Derogatoria de todas las normas laborales que despojaron a los trabajadores de sus derechos. Así mismo ordenar que se liquiden todos los contratos de prestación de servicios y que se vincule regularmente a los contratistas. Liquidar todos los contratos sindicales y enganchar laboralmente a todos los trabajadores.
3.- Bajar la jornada laboral a 7 horas diarias y 42 a la semana, sin reducción de salarios, para combatir el desempleo.
4.- La tierra para los campesinos pobres.
5.- Derecho real a la salud.
6.- Acabar de manera inmediata con el negocio de la educación.
7.- Tomar medidas concretas para reconocerle a más del millón de adultos mayores que no tienen posibilidad de pensionarse, una mesada pensional suficiente.
8.- Ni un solo asesinato más de luchadores sociales.
9.- No más violencia contra las mujeres.

Quintín Lame
21 de noviembre de 2019


[1] Este es el lenguaje utilizado por el gran escritor George Orwell en su genial obra 1984. Todos los jóvenes tendrían que leer este libro para entender a través de esta metáfora el tipo de crápulas que hoy están en el poder y los métodos sucios que utilizan para defender sus privilegios.
[2] Carlos Marx y Federico Engels, “Mensaje del Comité Central a la Liga de los Comunistas”, marzo 1850.
[3] Carlos Marx, Revolución y contrarrevolución, 1850, editorial Grijalbo S.A.  México D.F. 1967.
[4] Fallecido a inicios de 2021, reemplazado en la presidencia de la CGT por Percy Oyola. [N. del editor]

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El breve texto de León Trotsky que reproducimos a continuación fue escrito a propósito de situaciones políticas, sociales y de movilización (España, 1931) muy distintas a las que actualmente enfrentamos en Colombia. Consideramos que tiene importancia, sin embargo, por los conceptos centrales que señala respecto a cómo deben ubicarse los revolucionarios ante cualquier proceso de movilización de masas; incluso en situaciones en las cuales no existe una dirección revolucionaria con capacidad de orientarlo, el mismo esté dirigido (o busque ser controlado) por direcciones reformistas traidoras o cuando el mismo está “fuera de todo control” y desarrolla acciones aparentemente “espontáneas” que expresan el odio, desesperación y rabia de los explotados y oprimidos ante las difíciles condiciones que tienen que soportar.

Invitamos a leerlo y reflexionar sobre su contenido.
El Trabajador Socialista

León Trotsky

El papel de las huelgas en una revolución[1]

(Carta al Secretariado Internacional de la IV Internacional,
el 2 de agosto de 1931)

Esta carta tiene por objeto intercambiar algunas ideas respecto a la tumultuosa ola de huelgas que recorre España.[2] En mi segundo folleto sobre la revolución española, solamente indiqué una de las perspectivas posibles: el movimiento revolucionario se desarrolla impetuosamente, pero sin ninguna dirección justa, terminando en una explosión, que aprovechan las fuerzas contrarrevolucionarias para aplastar al proletariado. Como ya señalé en el otro folleto[3], esto no significa que la tarea de los comunistas sea frenar la movilización revolucionaria. Estoy seguro que no tendremos ninguna diferencia respecto a esto; sin embargo, me gustaría analizar más profundamente esta cuestión, pues me parece de gran importancia práctica.

Para empezar, es preciso que quede bien claro que esta explosión elemental y violenta de las huelgas es la expresión inevitable del propio carácter de la revolución, y, en cierto sentido, su base. La inmensa mayoría del proletariado español no tiene ni la más remota idea de lo que es la organización. Durante la dictadura nació una nueva generación de obreros que no tienen ni la más mínima experiencia política independiente. Pero la revolución despierta –precisamente esta es su fuerza– a las masas trabajadoras más atrasadas, más despreciadas, más oprimidas. Su despertar toma la forma de la huelga. Por medio de la huelga, las diferentes capas de las masas trabajadoras se dan a conocer, se relacionan entre sí, experimentan sus propias fuerzas y las de su enemigo. Una capa despierta y contamina inmediatamente a otra. La consecuencia de esto es que la huelga se hace absolutamente inevitable. Los comunistas no deben alarmarse, pues en esto consiste la propia fuerza creadora de la revolución. únicamente por medio de estas huelgas, con todos sus errores, sus “excesos”, sus “exageraciones2 es como el proletariado se pone en pie, se une en un todo, y comienza a sentirse y a concebirse a sí mismo como una clase, como una fuerza histórica viva. Las revoluciones nunca han avanzado, bajo el látigo de un cochero. Excesos, errores, sacrificios, así es la naturaleza de la revolución.

Si el partido comunista hubiese dicho a los obreros: “Soy demasiado débil todavía para poder dirigiros, esperad un poco, no os apresuréis, no deis la señal de combate poniéndoos en huelga, ¡dejadme tiempo para crecer!”, se hubiese cubierto de vergüenza para siempre, las masas al despertar hubiesen pasado por encima de su cabeza, y, en lugar de crecer, se hubiese debilitado aún más.

Prever correctamente un peligro histórico, no significa que pueda evitarse únicamente a base de razonamientos. No se pueden rechazar los peligros más que teniendo la fuerza necesaria. Para conseguir esta fuerza, el partido debe lanzarse con todas sus fuerzas hacia ese “movimiento elemental” o semielemental a punto de evolucionar; no para contenerlo, sino para aprender a dirigirlo, para adquirir autoridad y fuerza en el mismo seno de la lucha.

Sería erróneo pensar que el actual movimiento ha sido provocado por los anarcosindicalistas.[4] Estos están sufriendo una irresistible presión de la base. Al núcleo dirigente le gustaría poder frenar el movimiento. Algunos elementos, como Pestaña, están a punto de negociar entre bastidores con la patronal y la administración, cual es la mejor forma de acabar con las huelgas. Mañana muchos de ellos se convertirán en verdugos de los obreros, predicando, como los mencheviques rusos, contra la “fiebre de huelgas”, mientras disparan sobre ellos.

No hay duda que esto profundizará la división entre los anarcosindicalistas. Cuanto más avance la línea revolucionaria, más se diferenciará de los síndico-reformistas. De esta izquierda surgirán inevitablemente putchistas, aventureros heroicos, terroristas individuales, etc.[5]

No es inútil repetir que no debemos alentar ningún tipo de aventurerismo. Hay que dejar bien claro que no va a ser el ala derecha, la que lucha contra las huelgas, la que más se acercará a nosotros, sino la izquierda, sindicalista revolucionaria. Será tanto más fácil acabar con todos los elementos aventureristas a medida que los sindicalistas revolucionarios se convenzan de que los comunistas no somos intelectuales, sino luchadores.

Se suele acusar al partido oficial de llevar una política aventurerista en lo relativo a las huelgas. No puedo juzgar por falta de información. La actuación del partido en el periodo anterior hace suponer que esta acusación probablemente tenga justificación. Precisamente debido a esto, es posible que después de quemarse los dedos gire bruscamente hacia la derecha. La peor desgracia seria que las masas obreras vieran en los comunistas, igual que Pestaña, a gentes que les gusta inculcar sus dogmas de arriba a abajo, en vez de elevarlos hasta ellos, de abajo a arriba.

Resumiendo: indudablemente sigue existiendo el peligro de unas “Jornadas de julio”[6] aunque para los comunistas el peligro más inmediato puede llegar a ser la argumentación abstracta, la necesidad de “parecer inteligentes”, los razonamientos doctrinales, que los obreros revolucionarios considerarán con “graznidos pesimistas”.

La oposición de izquierda no debe olvidar ni un sólo instante que los peligros inherentes al proceso revolucionario no pueden evitarse con una prudente vigilancia, sino únicamente con audacia, audacia y más audacia.

Tomado de: https://www.marxists.org/espanol/trotsky/rev-espan/1931agosto02.htm


[1] T. 3402, carta al S.I. publicada en el B. O., n.º 24, septiembre de 1931, pp. 17-18, y después en Fourth International en octubre de 1943. [Nota del editor de El Trabajador Socialista: Es claro que, en forma estricta, esta carta, fechada en 1931, no pudo ser dirigida al “Secretariado Internacional de la IV Internacional”, pues esta fue fundada en 1938. Debe haber sido remitida al S.I. de la Oposición de Izquierda Internacional]

[2] Esta ola de huelgas, a menudo de carácter insurreccional, empezó en Sevilla extendiéndose por Andalucía y después por toda España, hasta las grandes huelgas de septiembre en Barcelona.

[3] Ver, “La Revolución española y los peligros que la amenazan”.

[4] Los comentarios de la época en Comunismo dejan entrever esa opinión.

[5] Dos meses más tarde, un artículo de Molins y Fábrega en Comunismo, n.º 5, octubre de 1931, titulado “Las dos tendencias cenetistas”, ilustrará este análisis. Demuestra que Peiró, Pestaña y los demás dirigentes de la C.N.T. se han quitado la máscara con el “Manifiesto de los Treinta”, revelando su verdadero rostro reformista. Su portavoz, Solidaridad Obrera, ataca violentamente a los “comunistas”, en realidad el ala revolucionaria de los anarcosindicalistas, que animan Juan García Oliver y Buenaventura Durruti. Este último define correctamente el papel de los dirigentes cenetistas que se han colocado al servicio de la paz social, amenazando a los burgueses republicanos, tipo Kerensky. Sin embargo, al mismo tiempo afirma que el coronel Maciá, líder del movimiento catalanista ¡es quien ha tenido en sus manos el destino de la revolución!

[6] Es decir, los combates prematuros por el poder, sin dirección firme, que permiten a la contrarrevolución pasar al ataque, como en Rusia, en julio de 1917.

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