Centroamérica y el Caribe

Acerca de las protestas en Cuba
del 11 de julio

El 11 de julio pasado en Cuba, de manera imprevista, una serie de movilizaciones de protesta se multiplicaron en varias ciudades de la isla, incluyendo La Habana. De inmediato los grandes medios de comunicación en manos de la burguesía mundial y el imperialismo las presentaron como un estallido social contra el gobierno del Partido Comunista, destacando algunas de las consignas que corearon los manifestantes.

En muchas partes, organizaciones de izquierda que simpatizan con el régimen y el gobierno cubanos, pasaron a calificarlas como una maniobra del imperialismo contra Cuba revolucionaria y señalaban a los manifestantes como “contrarrevolucionarios”. En Colombia, el Partido Comunista adoptó una actitud ambigua en su semanario Voz, tratando, en varios de los artículos publicados en las semanas siguientes, de relativizar las causas de la protesta reconociendo las terribles penurias que afectan a la población isleña, pero señalando prácticamente como única causa de ellas, el recrudecimiento del bloqueo comercial al que el gobierno yanqui, ahora en cabeza de Joe Biden, somete a la isla.

Por considerar que la discusión sobre la situación actual de Cuba es de mucho interés para los trabajadores colombianos, pues siempre hemos visto la revolución de 1959 como un ejemplo para todos los que luchamos contra el imperialismo y el capitalismo, El Trabajador Socialista ha considerado útil reproducir completa una declaración emitida por el blog https://www.comunistascuba.org/ promovido por militantes del Partido Comunista Cubano, que nos muestra de manera objetiva los acontecimientos y fija una posición crítica al respecto, que los diferencia de la derecha proimperialista y el estalinismo tradicional. Invitamos a nuestros lectores a hacerse parte de esta discusión.

Acerca de las protestas en Cuba del 11 de julio

julio 17, 2021

A seis días de los acontecimientos y tras un profundo análisis, Comunistas da a conocer su posición oficial acerca de las protestas que tuvieron lugar en Cuba el pasado domingo, 11 de julio.

De manera casi simultánea y con mayor o menor intensidad, el domingo 11 de julio Cuba vivió una serie de estallidos sociales que abarcaron al menos a 6 de las 14 provincias que conforman el país. En los 62 años transcurridos desde el triunfo de la Revolución dirigida por el comandante Fidel Castro, Cuba no había enfrentado una situación como ésta.

A pesar de que inicialmente, las primeras protestas comenzaron de manera pacífica, casi la totalidad de las manifestaciones terminaron marcadas por la violencia, la cual fue ejercida por ambos bandos. Esta serie de simultáneas manifestaciones antigubernamentales son un hecho nunca antes visto en Cuba socialista. He aquí un factor necesario a tener en cuenta para poder comprender los hechos.

Cabe recordar que en Cuba, las últimas protestas masivas se remontan al 5 de agosto de 1994, conocido posteriormente como Maleconazo, el cual fue contenido en pocas horas con la presencia de Fidel Castro en el lugar de los hechos. Una manifestación de 200 personas coreando consignas contra el Gobierno en un lugar céntrico, es algo casi inconcebible en la sociedad cubana. Sin embargo, al menos en La Habana se llegó a realizar una marcha espontánea de casi 3000 personas.

Los sucesos en La Habana

Las protestas –cuyo detonante fue la manifestación ocurrida en la ciudad de San Antonio de los Baños, ubicada a no más de 100 kilómetros de la capital- se extendieron rápidamente a La Habana. Poco después de las 15:00 hora local, alrededor de 200 personas tomaron el céntrico Parque de La Fraternidad, trasladándose posteriormente frente al Capitolio (sede oficial del Parlamento).

Durante la primera hora de la protesta, los arrestos policiales fueron aislados, permitiéndose, al menos de manera tácita, la marcha de los manifestantes, quienes se trasladaron hacia el céntrico Parque Máximo Gómez, lugar ubicado entre la embajada española y la sede del Buró Nacional de la Unión de Jóvenes Comunistas. Para ese momento, más de 500 personas se concentraban de manera pacífica en la explanada del parque, mientras continuaban sucediéndose casos puntuales de detenciones.

Con posterioridad, un grupo aproximado de 100 personas, enarbolando banderas cubanas y del Movimiento 26 de Julio, con consignas socialistas y a favor del Gobierno, coparon de manera pacífica el Parque Máximo Gómez. Al mismo tiempo, otros grupos vinculados al Partido Comunista y la Unión de Jóvenes Comunistas, junto a cadetes del Ministerio del Interior, terminaron ocupando la zona.

Voluntariamente, los manifestantes se desmovilizaron y parecía que en La Habana, al menos donde se originaron, las protestas habían concluido y, casi de manera pacífica. Sin embargo, más tarde fue conocido que la marcha devino en una larga manifestación la cual recorría importantes calles de La Habana. Según avanzaba la marcha de protesta, se le incorporaban personas llegándose a reportar -según datos emitidos por fuentes no oficiales- entre 2000 y 3000 manifestantes coreando consignas contra el Gobierno.

En determinado momento, los manifestantes decidieron dirigirse a la emblemática Plaza de la Revolución, lugar donde se encuentran las sedes de la presidencia, el Comité Central del Partido Comunista, el Ministerio del Interior, el Ministerio de las Fuerzas Armadas, así como los principales periódicos de alcance nacional. En las inmediaciones de la Plaza de la Revolución la manifestación fue repelida por fuerzas del orden público y grupos civiles progubernamentales, generándose choques violentos entre ambas partes, los cuales concluyeron en un número indeterminado de arrestos y heridos.

Al mismo tiempo, en la Calzada de 10 de Octubre, La Habana, se produjeron hechos gravemente violentos, donde dos autos de policía fueron volcados. Posteriormente han sido divulgados videos de graves actos vandálicos, como el apedreamiento de un hospital infantil. Se ha confirmado la muerte del civil Diubis Laurencio Tejeda durante las protestas. Por el momento no se ha informado de otros decesos a raíz de las manifestaciones. Tanto por parte de los manifestantes como por los civiles que salieron a enfrentarles se ejerció la violencia, principalmente con piedras y palos. La cifra de los heridos por ambos bandos se desconoce. Tampoco se conoce la cantidad de detenidos en el lugar de los hechos, así como las detenciones posteriores vinculadas con las protestas. Aún no sabemos la cantidad de ciudadanos que seis días después aún se encuentran detenidos de manera irregular.

Mientras tenían lugar las protestas en La Habana, hechos similares tuvieron lugar en las ciudades de Bayamo, Manzanillo, Camagüey, Santiago de Cuba, Holguín, entre otras de menor intensidad, las cuales también concluyeron, incluso se iniciaron, de manera violenta.

Origen y esencia de las protestas

Las protestas que tuvieron lugar en Cuba el pasado 11 de julio no se pueden entender como un enfrentamiento entre contrarrevolucionarios y comunistas, tal y se ha pretendido hacer ver por parte del Gobierno; ni de pueblo oprimido versus dictadura, como ha insistido la propaganda burguesa; ni clase trabajadora revolucionaria versus burocracia políticamente degenerada.

Las protestas del 11 de julio reunieron a la misma vez las tres perspectivas anteriores: las organizaciones contrarrevolucionarias -pagadas por Estados Unidos- atacando violentamente al Partido Comunista; grupos de intelectuales que sienten coartadas severamente sus libertades civiles enfrentando a la censura y la clase trabajadora exigiéndole al Gobierno mejorías en sus condiciones de vida. Sin embargo, aunque esta última variante fue la abrumadoramente mayoritaria, no se puede entender como una masa socialista políticamente consciente, exigiendo más socialismo a la burocracia anquilosada.

Las protestas del 11 de julio las pudiéramos caracterizar en nueve puntos esenciales:

1. La gran mayoría de los manifestantes no estaban vinculados a organizaciones contrarrevolucionarias, ni las protestas estuvieron dirigidas por organizaciones contrarrevolucionarias. La principal causa de las manifestaciones fue el descontento generado ante la terrible escasez provocada por la crisis económica, las sanciones económicas impuestas por el gobierno estadounidense y la cuestionable e ineficiente gestión de la burocracia estatal. Fue el desabastecimiento de alimentos y productos de aseo, la existencia de las tiendas en Moneda Libremente Convertible a las que solo se puede acceder mediante divisas y que acumulan una parte importante de la oferta de productos básicos; las largas filas para la compra de alimentos tan básicos como el pan; la escasez de medicamentos; la medida gubernamental donde se prohibe a la población depositar dólares en los bancos; el alza de precios en servicios públicos (el transporte en La Habana aumentó en un 500% el precio del pasaje); el recorte de gratuidades; el aumento drástico de la inflación; el encarecimiento de los productos básicos; y los largos cortes de electricidad,fueron los factores objetivos que provocaron un escenario propicio para un estallido social.

Al mismo tiempo no olvidemos que Cuba vive su mayor crisis económica en 30 años. Cuba necesitaba la visita de 4 millones 500 mil turistas y precios estables en el mercado internacional para que su Producto Interno Bruto creciera en 2020 al menos 1%. En 2020 Cuba solo recibió el 23% de los turistas necesitados, o sea, 1 millón y medio de turistas, y la economía mundial entró en crisis. La disminución de los visitantes extranjeros provocó la pérdida de alrededor de 3 000 millones de dólares en 2020. Cuba importa alrededor del 80% de los alimentos y el Gobierno destina a ello 2 000 millones de dólares.

Salvo una discreta recuperación en China, el resto de todos los socios comerciales de Cuba cayeron en recesión económica. Hasta junio de 2021, Cuba sólo había recibido poco más de 130 mil turistas. La mayor parte de las reservas del país se habían consumido en 2020. Los gastos de atención pública en el enfrentamiento al coronavirus han provocado serios perjuicios a la economía cubana. A ello se le deben sumar las graves sanciones impuestas por Donald Trump, las cuales no han sido levantadas por el presidente Joe Biden, recrudeciendo el ya acumulado impacto del bloqueo.

Sin embargo, las razones por la cual la economía cubana está en crisis no le importan a la familia trabajadora en el momento de servir la mesa, aún más cuando se deteriora progresivamente la legitimidad política del Gobierno.

2. La legitimidad política del Gobierno se encuentra considerablemente disminuida. El discurso político oficial dista mucho de ser efectivo; no alcanza a la juventud. La propaganda política de las organizaciones juveniles oficiales resulta ajena a la juventud. Como muestra de ello, entre los participantes de las protestas había una gran cantidad de jóvenes (por el momento es imposible una cifra exacta).

A su vez, impacta el desgaste político de varios años de crisis y de los errores acumulados por la administración estatal en general. Sumado a ello, destaca que el actual Gobierno no cuenta con la legitimidad política de la dirección histórica de la Revolución. La separación entre la dirección del país y la clase trabajadora es cada vez más visible, cuestionándosele un desnivel en las condiciones de vida.

3. Las protestas se originaron en los barrios obreros y con mayores problemas sociales. La desigualdad social es un problema cada vez más creciente en la sociedad cubana. La pobreza, la desatención social, la precariedad de las políticas públicas y sociales, la limitada y pobre oferta de alimentos y productos básicos por parte del Estado, así como las depauperadas políticas culturales, son características predominantes en los barrios periféricos o de menores ingresos. En estas zonas, la conciencia política tiende a disminuir, imponiéndose el rigor de la precariedad y la sobrevivencia sobre la ideología. A esto se le suma que el discurso político transcurre muchas veces paralelo a las necesidades cotidianas del pueblo trabajador. En contraste con esta situación socioeconómica, en el imaginario de estos barrios económicamente vulnerables, a la dirigencia del país se le relaciona con altos niveles de vida.

4. Las protestas no tuvieron un carácter mayoritario. La mayor parte de la población cubana continúa respaldando al Gobierno. Si bien es cierto que los manifestantes tuvieron apoyo entre parte de los vecinos de las zonas donde transcurrieron los hechos, también un importante sector de la población rechazó y ha rechazado las protestas. Aunque las protestas en La Habana reunieron en general alrededor de 5000 personas, sería una completa falta de objetividad si dijéramos que las manifestaciones tuvieron un respaldo mayoritario. A pesar del deterioro político que sufre el Gobierno cubano, éste recoge el capital político de la Revolución, capitaliza la imagen de Fidel Castro y mantiene una hegemonía sobre el imaginario socialista. Es en buena medida con estos factores que logra una considerable legitimidad política entre las mayorías.

5. En las protestas no hubo consignas socialistas. Las consignas lanzadas en las manifestaciones se centraron en “Patria y Vida”, “Libertad”, “Abajo la dictadura” y ofensas contra el presidente Miguel Díaz-Canel. “Patria y Vida” es una consigna nacida de una canción abiertamente de derechas, propagandizada desde Miami y por la oposición derechista. Las otras consignas mencionadas tienen un carácter de reclamo de libertades ciudadanas, lo cual no implica demandas socialistas. Más allá de los reclamos contra la censura y la exigencia de mayores libertades civiles, la consigna “Abajo la dictadura” es una consiga empleada y capitalizada por la derecha cubana y la contrarrevolución. Miembros del Comité Editorial de Comunistas conversaron con varios manifestantes que decían no estar contra Fidel Castro ni el Socialismo, y sí pedían mejoras de vida. Sin embargo, esta diferenciación no se hizo explícita en las protestas.

6. Un sector minoritario de intelectuales estuvo vinculado a las protestas. Un grupo minoritario de intelectuales, agrupados principalmente en el movimiento 27N, reclamaron libertades ciudadanas, centradas en el derecho a la libre creación y expresión. Sin embargo, este no fue el carácter central de las protestas. En buena medida esto se debió a que los reclamos de la intelectualidad disidente no responde a las necesidades de las mayorías quienes exigían demandas básicas de mejoras de vida.

7. El lumpemproletariado jugó un papel significativo. En las protestas el lumpemproletariado jugó un papel importante. Estos grupos se dedicaron a saquear y realizar agresivas acciones vandálicas, las cuales distorsionaron el comienzo pacífico de las manifestaciones en La Habana.

8. Cada vez se hace más certero que la propaganda de la contrarrevolución tuvo un carácter organizador en las protestas. A pesar de que este no fue el principal factor que detonó las protestas, es innegable que desde Estados Unidos se orquestó una fuerte campaña derechista en las redes sociales, enfocada abiertamente en el derrocamiento del Gobierno cubano. Esta campaña impactó con fuerza en un importante sector de la población. Es necesario tener en cuenta que 4,4 millones de cubanos tienen acceso a las redes sociales desde sus teléfonos celulares.

9. Las manifestaciones terminaron siendo marcadas por la violencia. En La Habana, inicialmente, salvo hechos aislados, la manifestación originada en el centro de la capital sucedieron de manera pacífica. Sin embargo, en la capital, la manifestación degeneró en un grave enfrentamiento con las fuerzas policiales y ciudadanos a favor del Gobierno cuando los manifestantes intentaron acceder a la Plaza de la Revolución donde se encuentra el Comité Central del Partido Comunista, la sede del Gobierno, el Ministerio del Interior, el Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y la sede de la mayor parte de los periódicos de tirada nacional. En ese momento, los hechos violentos tuvieron parte por ambos bandos, causando heridos graves entre civiles. A su vez, grupos violentos realizaron actos vandálicos, y atacaron con palos y piedras a militantes comunistas y simpatizantes del Gobierno.

¿Por qué fue detenido el camarada Frank García Hernández, fundador de nuestro Comité Editorial?

El camarada Frank García Hernández, quien se dirigía a la casa de una amiga, con quien se encontraba desde los inicios de la manifestación, accidentalmente devino en el lugar de los violentos enfrentamientos acontecidos en las cercanías de la Plaza de la Revolución, pero cuando estos ya concluían. El camarada Frank había estado presente en la protesta desde sus inicios, pero asistiendo como militante del Partido Comunista. En el momento que los manifestantes se retiran del Parque Máximo Gómez (alrededor de las 18:00 horas), Frank y la compañera  asumieron que la protesta había concluido, motivo por el cual ambos se dirigieron a la casa de la muchacha. Esta vive justo a menos de 200 metros de donde sucedieron los choques violentos entre los manifestantes y los cuerpos policiales, quienes intentaban impedir el acceso de la protesta a la Plaza de la Revolución.

Según nos informa el camarada Frank, en el momento en que arriban a la esquina de las calles Ayestarán y Aranguren se escucharon disparos al aire. Ambos terminaron dentro un grupo progubernamental el cual marchaba acompañado de efectivos policiales. En ese momento, el camarada Frank se encuentra accidentalmente con Maykel González, director de la revista pro derechos LGBTIQ, Tremenda Nota, publicación que ha reproducido los textos de Comunistas. Maykel González había participado en el decurso de los acontecimientos, desde el nacimiento de la marcha, hasta los hechos violentos entre ambos grupos, tomando parte de los manifestantes, aunque sin llevar a cabo ningún tipo de actos violentos.

Cuando ya concluían las protestas en presencia del camarada Frank García, un oficial de la policía detiene a Maykel González, acusándolo falsamente de haber arrojado piedras contra las fuerzas del orden público. Ante ello, el camarada Frank García, en su condición de militante del Partido Comunista, intentó interceder de manera sosegada entre el oficial y Maykel González. Mientras intentaba convencer al policía, solicitándole que no arrestara a Maykel González, Frank García fue también detenido por este oficial. El policía acusó a Frank de realizar hechos violentos y encontrarse en el bando de los manifestantes. Posteriormente, las autoridades comprobaron la falsedad de esta acusación.

La detención se realizó alrededor de las 19 horas. Ambos fueron conducidos a la estación policial más cercana. Posteriormente, alrededor de la 1:30 de la madrugada, Frank fue conducido a otro centro de detención, donde de inmediato se esclarecieron los hechos, demostrándose que este no había participado en hechos violentos, ni en el grupo contrario a las manifestaciones. Junto al director de Tremenda Nota, Maykel González Vivero, el camarada Frank García Hernández fue liberado el lunes 12 de julio alrededor de las 20:00 horas. Durante su poco más de 24 horas de detención, Frank afirma que NO recibió maltratos físicos, ni ningún tipo de tortura. Actualmente Frank García no guarda prisión domiciliaria, sino una medida cautelar donde se regula su capacidad de movimiento, limitándose a sus centros laborales y acceso médico. Sin embargo, Frank no debe hacer ninguna declaración a las autoridades de sus movimientos diarios. La medida legal forma parte del procedimiento a seguir hasta que de manera oficial quede demostrada su no participación en hechos violentos ni en la manifestación.

El Comité Editorial de Comunistas agradece la impactante ola de solidaridad internacional que se levantó para exigir la liberación de Frank García Hernández. Próximamente, Comunistas publicará un informe detallado de la campaña internacionalista, mediante el cual se hará un justo reconocimiento a las personas y organizaciones que bregaron por la libertad de nuestro camarada.

Vale destacar que durante las protestas no fue detenido ningún otro miembro del Comité Editorial, colaborador o camarada cercano a nuestra publicación. Partiendo de nuestro sentido elemental de justicia revolucionaria, esto no impide que reclamemos la liberación inmediata del resto de los detenidos en las manifestaciones del 11 de julio; siempre y cuando no hayan cometido acciones que hayan atentado contra la vida de otras personas. Algún lugar de Cuba, 17 de julio, 2021,
Comité Editorial de Comunistas

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El asesinato de Moïse y la política de río revuelto

Manifestaciones en Puerto Príncipe, la capital de Haití, el 12 de febrero de 2019

Por Lautaro Rivara /
julio 9, 2021

El asesinato del presidente de Haití invita al estudio y análisis
de la situación de ese país. Por considerar que aporta en ese sentido,
El Trabajador Socialista reproduce el artículo
escrito por Lautaro Rivara, divulgado inicialmente
en www.alcarajo.org.

¿Qué está pasando en Haití? ¿Cuáles son los hechos conocidos? ¿En qué contexto se dio el magnicidio de Jovenel Moïse? ¿Cuáles son las hipótesis y los cursos posibles de acción? ¿Hay posibilidad de una normalización democrática? ¿Y de una intervención internacional? ¿Quiénes son los ganadores de esta auténtica política de río revuelto?

Los hechos, más allá de la crónica roja
A 24 horas de que tomara estado público el asesinato del presidente de facto de Haití, Jovenel Moïse, lo que sabemos a ciencia cierta es efectivamente poco. Un lacónico comunicado oficial firmado por Claude Joseph, y dos conferencias de prensa igualmente escuetas sostenidas en creole, son apenas toda la información de fuentes oficiales con la que contamos. Sin tener a disposición aún evidencia que convalide o refute la versión estatal, podemos, de todos modos, resumirla como sigue:
-Moïse y su esposa, la primera dama, fueron atacados por un “grupo comando” en su domicilio particular en Pelerin en las primeras horas del día 7 de julio.
-Los atacantes burlaron la seguridad presidencial presentándose como agentes de la DEA, e ingresaron hablando inglés y portugués.
-El primer mandatario murió de forma inmediata, mientras que la situación de la primera dama, atendida de urgencia en un hospital en Miami, es aún indeterminada. 
-Tras el hecho, se produjo un enfrentamiento entre el grupo comando y la policía, en el que 4 de los sicarios habrían sido abatidos y otros 2 detenidos, estando éstos en poder de la Policía Nacional. Además, tres agentes fueron heridos y se encuentran ya fuera de peligro.
-Ante el vacío de poder generado, el Primer Ministro de facto Claude Joseph se autoproclamó como presidente interino, asumió el control de las fuerzas armadas y policiales, y convocó de urgencia a un Consejo de Ministros.
-Dicho Consejo decretó por 15 días el estado de sitio en todo el territorio nacional y, entre otras medidas, cerró el aeropuerto internacional Toussaint L’Ouverture.
Moïse, ¿devorado por sus propios demonios?
Es importante dar un breve contexto y una sucinta caracterización de Moïse, ante la tentación post mortem de erigirlo como un mártir de causas que le resultaron, en vida, absolutamente ajenas. Moïse llegó a la presidencia de la república como representante del partido PHTK, una formación política ultraderechista y ultraneoliberal, representante de los sectores residuales del duvalierismo presentes aún en el seno de las clases dominantes haitianas. De hecho, su mentor y fundador, apadrinado por los Estados Unidos y el Core Group, el ex presidente Michel Martelly, inició su “carrera política” como paramilitar a sueldo de la dictadura vitalicia y hereditaria de François y Jean-Claude Duvalier. Diferentes personeros de este régimen que asoló al país entre 1957 y 1986 ocuparon, a lo largo de los gobiernos de Martelly y Moïse, cargos políticos, diplomáticos, legislativos y ministeriales.
Moïse fue ungido como sucesor de Martelly por tratarse de una suerte de outsider de la clase política, en una maniobra recurrente utilizada por las más variadas derechas latinoamericanas. Su “capital” fue amasado como exponente de una oligarquía presuntamente modernizadora, y su nave insignia para arribar a la política fue el proyecto de desarrollo de zonas francas agrícolas orientadas a la exportación con asiento en el noroeste del país, en particular a través de su empresa AGRITRANS S.A., erigida sobre el despojo sicarial de miles de hectáreas de propiedad comunal y campesina.
Las elecciones que lo consagraron presidente en el año 2015 fueron caracterizadas por una práctica de fraude masivo, lo que implicó, tras casi un año de conflictos e interinato, la realización de nuevos comicios que también serían impugnados como fraudulentos por diferentes actores nacionales y veedores internacionales, pero que sin embargo resultarían convalidados por las Naciones Unidas y la OEA, organizadores y financistas casi exclusivos del propio acto electoral. La participación ciudadana, en aquel entonces, fue de apenas un 18 por ciento de los votos, reflejando el hastío y el descreimiento del conjunto de la población.
Una vez iniciado su gobierno, Moïse comenzará a enfrentar rápidamente la oposición de las clases populares, los sectores medios y hasta de algunas fracciones de la burguesía local. La profundización de las políticas neoliberales degradarían rápidamente la situación económica del país, teniendo como punto de no retorno la “recomendación” del FMI de eliminar los subsidios a los combustibles, que catapultó en julio de 2018 a dos millones de personas a las calles del país. A esto se sumaría un desfalco multimillonario de fondos públicos equivalente a por lo menos un cuarto del PBI nacional, según sendas investigaciones del Senado y del Tribunal Superior de Cuentas. El propio Moïse, sus empresas y una docena de sus más altos funcionarios, se verían implicados en el hecho. Ante este proceso de removilización popular que comenzaba a exigir su renuncia, Moïse empezaría a transitar una extensa deriva autoritaria que hemos venido analizando y documentando en los últimos años, la cual incluyó: el cierre del Parlamento, la intervención del poder judicial y el nombramiento de magistrados adictos, el gobierno por decreto, el asesinato de periodistas y opositores, la realización de masacres en barrios populares de la capital, la creación de una suerte de policía política conocida como la “Agencia Nacional de Inteligencia”, la no celebración de las elecciones previstas por la carta magna, el intento de modifidación ilegal de la constitución vigente, y, desde este 7 de febrero, la permanencia en el poder una vez vencido su mandato constitucional.
En los últimos años, se multiplicaron las evidencias de la connivencia de Moïse y el PHTK con el crimen organizado y las bandas armadas, según las investigaciones y denuncias de organismos de derechos humanos como la Red Nacional en Defensa de los Derechos Humanos de Haití (RNDDH) y la Fundación Je Klere. Bandas que, vale la pena subrayar, han crecido exponencialmente coincidentemente con el ciclo de removilización popular, en lo que hemos analizado como una suerte de “solución paramilitar” al problema planteado al establishment en una zona tan estratégica como la Cuenca del Caribe. De hecho, una de las primeras hipótesis, que circuló ayer profusamente por todo el país, era que uno de estos grupos, entrenados, armados y financiados contra el propio poder político, y que han ganado en autonomía y capacidad operativa, podrían haber llegado a devorar a uno de sus progenitores.
En el plano internacional, y en particular desde el año 2019, Moïse estrecharía su vínculo con los Estados Unidos y la administración Trump, convirtiéndose en un lobbista de los intereses norteamericanos en los organismos regionales como la OEA, reconociendo al autoproclamado Juan Guaidó como presidente “encargado” de Venezuela, abandonando la plataforma energética Petrocaribe, torpedeando espacios de integración regional como la CARICOM y manifestando apoyo y simpatía por diversos regímenes neoliberales y paramilitares del continente. Esto le daría una suerte de carta de imunidad, y le garantizaría su blindaje internacional. 
¿Gendarmes de la paz?
Hace varios meses que el ciclo de removilización comenzó a amesetarse, principalmente por la eficacia del combo explosivo de las bandas armadas, las masacres -13 en los últimos tres años-, la política de secuestros, el tráfico de armas hacia las barriadas populares -más de 500 mil circulando-, los enfrentamientos entre grupos armados rivales y los desplazados -más de 17 mil en el último mes-, así como los asesinatos selectivos -el 30 de junio fueron asesinadas 19 personas en Puerto Príncipe, entre ellas un periodista y una activista feminista opositora-.
Hace tiempo que venimos analizando el recurso posible a dos formas alternativas de saldar la crisis haitiana “por arriba”, la que se explica “por abajo” por la incapacidad del Estado y la clase política de generar el más mínimo consenso social en torno de uno de los proyectos sociales más desiguales e injustos del planeta, en cuyas cifras de espanto no vamos a abundar aquí. Se trata de las dos estrategias utilizadas por la oligarquía haitiana, la burguesía importadora y sus socios trasnacionales durante al menos el último siglo: el recurso a las dictaduras “nacionales”, sean de tipo militar como la del general Raoul Cédras, o de tipo paramilitar como la del clan Duvalier. O el recurso a las ocupaciones internacionales, desde la norteamericana de 1915-1934 hasta los 15 años de las misiones militares multilaterales de “pacificación y justicia” de las Naciones Unidas, que invadieron el país entre el 2004 y el 2009 a través de la MINUSTAH y la MINUJUSTH.
Ya desde el año 2018 y 2019, diversos viajes públicos y clandestinos de autoridades del Estado y partidarios políticos de la oposición conservadora se han estado realizando de forma asidua a los Estados Unidos para negociar, alternativamente, el apoyo para alguna de estas “soluciones”. Las que implican, invariablemente, del concurso técnico, político, económico y armamentístico norteamericano. Los elementos catalizadores de la crisis se aceleraron con la llegada al poder del Partido Demócrata, dado que algunas de sus fracciones internas comenzaron a presionar por algún tipo de seudo normalización institucional en el país de su fiel pero incómodo aliado. Esto, dada la dificultad de explicar a sus sectores más “progresistas” por qué se sostenía el apoyo de un gobierno que no celebraba elecciones, que gobernaba por decreto, que había clausurado el parlamento, que desplazaba y encarcelaba jueces, que creaba por decreto una policía política, que asesinaba a opositores políticos y consentía masacres reiteradas. 
De ahí la propuesta de un maratónico calendario electoral, cuya compulsión se enfrentaba, conforme se acercaba la fecha de su concreción, a la inapelable evidencia de que Moïse era incapaz de garantizar las mínimas condiciones de seguridad, paz y concordia para realizar algún tipo de comicio, los que fácilmente podrían abrir la caja de pandora, “desamesetar” el ciclo de movilización popular, y volver a colocar en las calles a millones de personas. Sin embargo, lo que nadie podía prever, es que el escenario de elección de algún tipo de estas “soluciones” -la dictadura o la ocupación- por parte de las clases dominantes, se precipitaría de esta manera con un magnicidio y su consecuente vacío de poder.
En este marco, no han de extrañarnos entonces las más recientes declaraciones de algunos jefes de Estado del hemisferio. Ni la del propio Biden, que expresó estar “listo para ir en ayuda de Haití” -un frase que no puede menos que generar consternación en el país-, hasta la mucho más destemplada declaración del presidente colombiano Iván Duque que exhortó a la OEA a intervenir con una misión en Haití de forma urgente para “garantizar la estabilidad democrática e institucional” que el mandatario no puede garantizar en su propio país. Así podemos explicar también la pronta reunión del Claude Joseph con el Core Group, un organismo ad hoc que reúne a la OEA, la ONU, la UE, y a las embajadas de EEUU, Canadá, Brasil y varias naciones europeas, es decir, a todos los actores con intereses políticos, económicos y geoestratégicos en el país. O lo mismo vale para la conversación con el Secretario de Estado norteamericano Antony Blinken sostenida el día de ayer.
Es necesario mencionar que éstos son los mismos actores internacionales que apuntalaron al gobierno de facto de Moïse pese a la acelerada descomposición social y económica del país, y pese a la más completa ruptura del orden democrático. Los mismos inductores del caos organizadoen esta auténtica política de río revuelto, son los que ahora pretenden saldar la crisis de forma pretoriana, presentándose como garantes del orden y la democracia. No sería raro que comencemos a escuchar, de nuevo, conceptos tan remanidos del arsenal conceptual colonialista como los del “intervencionismo humanitario”, la “responsabilidad de proteger”, la “no indiferencia”, las “amenazas inusuales y extraordinarias” o el peligro a la “seguridad nacional de los Estados Unidos”. 
Una transición, ¿pero hacia dónde?
Como sugerimos, la crisis política en Haití no comenzó con el asesinato de Moïse, aunque su muerte la lleve a un nuevo punto, quizás, de no retorno. La ruptura del orden democrático implica que no haya actores legalmente constituidos capaces de asumir una transición legítima, al menos que se construyan grandes acuerdos sociales y políticos, algo que la oligarquía, la burguesía importadora y los EE.UU. no parecen dispuestos a hacer. El caso de Claude Joseph es elocuente, autodesignado ahora como presidente interino evocando el artículo 149 de la Constitución. Es necesario mencionar que se trata de un primer ministro de facto, elegido de forma unilateral por Moïse, no ratificado -como exige la carta magna- por un Parlamento que de hecho no existe. Incluso se trata de un ex primer ministro de facto, dado que días antes de morir Moïse había nombrado a un sucesor de Joseph, el abogado Ariel Henry, hoy virtualmente desplazado de la escena pública. Quien sí podía asumir una sucesión legal era el presidente de la Corte de Casación, René Sylvestre, pero este falleció hace pocas semanas por coronavirus.
Frente a este vacío de poder, y frente al doble filo de las políticas de shock, pareciera que sólo la reaparición del factor movilizacional podría incidir en una resolución que no sea aún más regresiva. Las fuerzas nacionales, populares y democráticas han ganado en capacidad de articulación, han generado espacios unitarios como el Frente Patriótico Popular, han desarrollado programas y cursos tentativos de acción, pero son aún organizativamente débiles, y su capacidad de incidencia es escasa sin la presencia de gente en las calles. Solo su reaparición y la construcción de algo así como un cerco de visibilidad y solidaridad con Haití, pueden impedir que el país vuelva a ser aplastado por una larga dictadura militar o por una luctuosa ocupación internacional.

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Campaña solidaria con heroico pueblo colombiano

Plantón ante Embajada de Colonbia en San José, 10 de mayo de 2021

Para conocimiento de nuestros lectores, difundimos el artículo publicado inicialmente el 14 de mayo de 2021 en https://periodicobanderaroja.com/campana-solidaria-con-heroico-pueblo-colombiano/

Por: David Morera Herrera

El día 10 de mayo a las 10:30 am en San José, Costa Rica, se realizó un plantón solidario con el hermano y heroico pueblo colombiano. A pesar de la llovizna, la actividad fue convocada por Ecos de Colombia- Migración y Refugio y el Comité de Solidaridad con las Víctimas de la Violencia en Colombia.
Una importante delegación del PRT se hizo presente, agitando pancartas, banderas y consignas, en unidad de acción con otras delegaciones políticas, como la Juventud Obrera, organizaciones sindicales y, sobre todo, residentes provenientes de Colombia.

Se vino el estallido

La contra-reforma fiscal en Colombia detonó el estallido. Se trata de un proyecto nefasto de Duque y sus compinches, muy similar a la que impusieron en Costa Rica, antes de la pandemia. Aquí en Costa Rica la dirección sindical se desgastó en largas marchas e interminables reuniones insulsas con el Gobierno Carlos Alvarado. De esa forma, el Gobierno de Costa Rica aprovechó el “diálogo” como distractor para avanzar y finalmente aprobar a golpe de tambor el paquetazo fiscal en el parlamento, con el consenso de los otros partidos de los ricos. Pareciera que es la misma estrategia de Duque, títere de la oligarquía y el FMI. Por eso denunciamos la farsa de diálogo.

Si Duque no representa una dictadura: ¿qué es?

El Estado colombiano, y sus tenebrosos Ejército, policía, ESMAD y paramilitares, (armados hasta los dientes por el Pentágono norteamericano), tienen una larga historia sangrienta. Incluso, la antigua guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), ligada al otrora poderoso aparato estalinista mundial); con la ayuda del castrismo cubano, y bajo el Gobierno anterior de Santos, se desmovilizó militarmente y adoptó la vía electoral.   Cambio su nombre a Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común (similar al anterior intento fallido que hizo con la Unión Patriótica).
Resultado funesto:  la masacre sistemática perpetrada por los paramilitares y el Ejército (monstruo de dos cabezas) de las y los guerrilleros desmovilizados en toda la geografía colombiana. Si se suma a ello los niveles de miseria en que ha hundido esa brutal oligarquía al pueblo colombiano, entendemos por qué hoy Colombia es el epicentro, la vanguardia, de la lucha de clases en América Latina.

¿Qué hacer?

En primer lugar, nos parece que debe haber la más amplia unidad de acción de todos los sectores que se movilicen con el objetivo de derribar al Gobierno asesino de Duque-Uribe. Pero esa unidad, sin sectarismo alguno, no puede perder de vista las diferencias estratégicas que están en juego.
Por ejemplo, es claro que la burocracia sindical colombiana y el partido “progresista” de Petro, se suman hoy a la maniobra desmovilizadora de Duque que consiste en el supuesto “Diálogo Nacional”. Ningún burócrata sindical, ni político, tiene la autoridad para negociar nada con el Gobierno masacrador.
En segundo lugar, hemos leído varias declaraciones, muchas de grupos autodenominados trotskistas, que plantean correctamente la consigna de Abajo Duque, pero (y esto no es una cosa menor), o no está claro que proponen como alternativa a su caída. O lo que es mucho peor, en plena rebelión, levantan una consigna democrático burguesa: Asamblea Constituyente, aunque confusamente le agreguen el “apellido” Popular (¡sic!).
Nos parece una gruesa capitulación, pues ahora que Duque está contra las cuerdas, clamando por el “teatro” del Diálogo Nacional, por la dispersión de la Minga Indígena en Cali y de toda la resistencia en las calles; y no por casualidad, todas las fuerzas políticas burguesas, pequeñoburguesas, y burocráticas se suman a ese coro: Es claro que se trata de una trampa mortal. Pues es desmovilizadora, y la consigna de Asamblea Constituyente es una retranca en la perspectiva de construir una genuina alternativa de poder obrero, indígena, obrero, juvenil, popular. En otras palabras, no apunta como tarea estratégica el derribo del narco estado burgués putrefacto en su conjunto. Muy peligrosa esa consigna “democrática”, sobre todo teniendo en cuenta que ya Colombia hizo una Asamblea Constituyente, y la violencia y explotación brutal de las clases dominantes, lejos de resolverse ha ido en escalada.

¡Abajo Duque-Uribe, mafia al servicio del imperialismo yanqui!
¡Que el Consejo Nacional Indígena convoque a una Marcha hacia Cali
para impedir continúe la masacre! 
¡Forjar el poder popular en asambleas democráticas de todas las luchadoras y luchadores a lo largo del país en calles, plazas!
¡A seguir el ejemplo de la guardia indígena: enfrentar organizadamente
en las calles a los esbirros armados de Duque-Uribe-Biden!
¡Gobierno Obrero, Indígena, Campesino, Juvenil y Popular!

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¡Una lucha heroica en El Salvador!

196 mujeres y 14 hombres, empleados en Industrias Florenzi S.A. de C.V. en Soyapango (El Salvador), han estado ocupando la fábrica desde el 8 de julio de 2020 para proteger sus empleos, salarios y derechos de seguridad social. Algunos de ellos iniciaron una huelga de hambre el 7 de febrero de 2021.

Según la nota de Izquierda Diario[1] “Industrias Florenzi S.A. de C.V. es una maquila. […] Muchas de las trabajadoras de esta maquila sufren de enfermedades crónicas, provocadas y agudizadas por las precarias condiciones en las que trabajaban. Aparte de que les pagaban cinco centavos de dólar por confeccionar gabachas médicas (batas) de la marca neoyorquina Barco que luego se vendían a treinta dólares en el mercado, sufrían de acoso laboral, sexual, denegación de permisos personales e incapacidades, entre otros abusos. […] En marzo de 2020, un poco antes de la cuarentena estricta impuesta por el gobierno, las trabajadoras fueron al hospital del Instituto Salvadoreño del Seguro Social (ISSS) a recoger sus medicinas, pasar consultas o agendar citas. Sin embargo, les comunicaron que sus empleadores no habían cotizado su cuota desde diciembre de 2019; es decir, Florenzi dejó de abonar su seguridad social por tres meses sin avisarles. Se enteraron hasta esta fecha porque la ley da un periodo de gracia de dos meses para poder pasar consultas y obtener medicinas aun cuando no se ha pagado la cuota. […] Se enteraron de que había pasado lo mismo con sus fondos de pensiones: la empresa había dejado de pagar a la AFP desde hacía tres meses. Sin embargo, Florenzi sí descontó dichas cuotas de los salarios de las trabajadoras…”.

Durante varios meses las trabajadoras han desarrollado una lucha heroica, ocupando la fábrica, desarrollando varias de ellas una huelga de hambre de más de 60 días. Al momento actual han obtenido un triunfo parcial, con el embargo de los bienes de la empresa, pero la lucha continúa.

El Trabajador Socialista llama a la solidaridad de los trabajadores y organizaciones sindicales colombianas con esta lucha. Al servicio de esa tarea reproducimos el siguiente comunicado de las compañeras, que fue inicialmente publicado en la edición 136 de Bandera Roja, periódico del PRT de Costa Rica.

Colectivo Femenino Florenzi:
“Mujeres organizadas en resistencia”

(Soyapango, San Salvador) Florenzi es el grito de las más de 70 mil obreras y obreros de la industria textil salvadoreña. Es el grito del hambre, del desempleo, de la constante violación a los derechos laborales, de los derechos humanos en ese país. Florenzi es el grito de la resistencia, de la solidaridad militante, del internacionalismo, de la unidad, de la colectividad, del verdadero sindicalismo y la lucha popular.

Florenzi es el grito de la clase obrera. Y con la fuerza de ese grito que nos motiva a continuar la lucha hasta triunfar; hoy, queremos expresar a la opinión pública nacional e internacional, que se han cumplido 64 días desde que se inició la huelga de hambre aquel 7 de enero; y nos sentimos satisfechos y satisfechas del éxito que ha tenido, y del impacto que ha generado cada una de las acciones que han acompañado esta huelga. Dos mujeres obreras y un obrero han mostrado un gran coraje en un país que vive arrodillado.

Ha sido el hambre que padecemos como pueblo y como clase trabajadora la misma que ha servido como arma de lucha para afirmar y demostrar que el Estado salvadoreño y la institucionalidad, o como se le quiera llamar, ese “estado de derecho” del que tanto nos hablan y nos obligan a defender, no le sirve a la clase trabajadora: está diseñado para perjudicarnos y es una burla. Aunque estén contemplados derechos que nos favorecen, esos solo existen en papel. La Constitución de la República es utilizada a conveniencia del poder económico. Se defiende a los empresarios de maquila, pero se deja desamparados a los miles de obreros y obreras que producen enorme riqueza en este país.

Ha sido el hambre la que nos ha dado la autoridad para acusar al Estado salvadoreño de violar los derechos humanos, ya que dejó en abandono a 210 personas (mujeres en su mayoría) a quienes se les arrebató el derecho al trabajo, a la salud, a la vivienda, a la seguridad social, a una vida libre de violencia, a la alimentación, a la libertad sindical, a la protección de la familia, a una vida digna. Y, concretamente, es el Estado salvadoreño el que es capaz de dejar morir a tres de sus ciudadanos que claman por justicia.

Hoy se cierra un ciclo de lucha que es la huelga de hambre y esta es la situación:

La compañera Lucía Torres cumplió, el pasado 3 de marzo, 55 días de huelga de hambre. Por complicaciones y deterioro en su salud tuvo que levantar la huelga; sin embargo, ella continúa valientemente al frente de la lucha. A nuestra compañera, Sergio Pineda le adeuda 24 años de tiempo de trabajo para Industrias Florenzi S.A de C.V, además de vacaciones y aguinaldo.

Al cumplirse 64 días de iniciada la huelga de hambre, la compañera Nuria de los Ángeles Martínez quien sufre de gastritis, dolores abdominales, fiebre, migraña, cansancio, dolor en las articulaciones, inflamación, problemas respiratorios y otros síntomas levantará la huelga. La compañera “Nury” reclama el pago de 16 años de indemnización, vacaciones y aguinaldo que le debe la patronal de Industrias Florenzi.

El compañero José Rivas también levanta este día la huelga de hambre, su salud se ha visto desmejorada pues comparte los mismos síntomas que la compañera Nury. Además, sufre de presión alta, sangrado en la nariz, deshidratación, inflamación corporal debido a la retención de líquidos y otros padecimientos. Al compañero José la patronal no le pagó 15 años de indemnización, vacaciones y aguinaldo.

A partir de este día anunciamos que vamos a continuar la lucha, que no abandonaremos la fábrica. Ha sido un avance para nuestro caso la inspección realizada por la señora jueza primero de lo laboral, Daisy Abrego, quien ya está echando a andar las diligencias para que se acelere la demanda de abandono y la medida cautelar de embargo preventivo a los bienes de la sociedad Industrias Florenzi S.A de C.V, lo que consideramos una victoria parcial de nuestra lucha. Pero seguimos exigiendo agilidad a los otros cuatro juzgados de lo laboral donde están también nuestras demandas individuales.

¡Qué vivan las obreras y obreros de industrias Florenzi!

¡Qué viva la solidaridad nacional e internacional de la clase trabajadora!


[1] https://www.izquierdadiario.es/El-Salvador-trabajadoras-textiles-de-Industrias-Florenzi-que-ocupan-la-fabrica-resisten-y-van-a

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