Internacional

Después de la derrota en Afganistán

Tropas de Estados Unidos retirándose de Afganistán

La retirada de las tropas imperialistas de Afganistán y el ascenso al poder del Talibán es el cambio más significativo en la lucha de clases a nivel mundial y nos exige a los revolucionarios caracterizar lo ocurrido y anticipar sus consecuencias para los trabajadores y los pueblos oprimidos del mundo. Como un aporte al análisis, más allá de las circunstancias internas de Afganistán, publicamos esta colaboración de uno de los integrantes del Grupo de Trabajadores Socialistas. Sus afirmaciones están abiertas a la más amplia discusión entre nuestros lectores.

Contener a China, ante el declive de EE.UU.

JUANDARIO septiembre 17 de 2021

Tras la salida de EEUU de Afganistán en agosto de 2021, quedan pendientes cerca de 2500 soldados en Irak:

“Dieciocho años después de la invasión de Irak liderada por Estados Unidos, este último país solo tiene unos 2.500 soldados regulares en suelo iraquí, más un número pequeño y no revelado de fuerzas de Operaciones Especiales que luchan contra EI.

Concentrados en solo tres bases, son una pequeña fracción de la fuerza de 160.000 efectivos que ocupó Irak después de la invasión, pero aún están sujetos a ataques con misiles y aviones no tripulados de supuestas milicias respaldadas por Irán…. Estados Unidos ha estado tratando durante mucho tiempo de liberarse de lo que el presidente Joe Biden llama sus “guerras eternas” en Medio Oriente.

De ahí la retirada acelerada de las fuerzas estadounidenses de Afganistán, ya que Estados Unidos y sus aliados centran su atención cada vez más en la región de Asia-Pacífico y el mar de China Meridional.” https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-57982702

Se confirma una tendencia: cómo declina la influencia de EEUU en regiones álgidas para los intereses norteamericanos y se define un proceso que es el fin de la era de su hegemonía después de la Segunda Guerra Mundial. Hoy los esfuerzos de EEUU se centran en redoblar el apoyo a sus aliados en Medio Oriente contra las pretensiones de Irán para asumir un liderazgo en la región. A la vez transmitir confianza de que sus intereses económicos siguen a resguardo de las pretensiones rusas o chinas.

EEUU se niega a ceder su trono

A la sombra de EEUU se mantuvo a los capitales que participaron en la Segunda Guerra Mundial, sobre todo Reino Unido, Alemania, Francia, Japón. Para 1944 se había acordado un modelo financiero y comercial con miras a la posguerra. Los acuerdos financieros de Bretton Woods marcaron el inicio de un ascenso, sobre la devastación de Europa, Rusia y Japón. Este plan de reconstrucción dio a EEUU la base para salir de la crisis de 1929, por medio de la guerra.

 “Los objetivos que se marcaron con esa contienda “hace tiempo que se cumplieron”, argumentó, confirmando que, aunque el acuerdo de paz firmado por Donald Trump con los talibanes no es el que él “habría querido”, lleva el sello de Estados Unidos y lo respetará, pero sus tropas abandonarán el país asiático de forma más lenta de lo pactado, aunque no más tarde del 11 de septiembre. “No vamos a salir corriendo por la puerta”, recalcó Biden.” https://www.lavanguardia.com/internacional/20210415/6798678/biden-aftanistan-eeuu-tropas-objetivos-guerra.html

Pero la crisis económica abierta en 2008 evidencia un declive del orden impuesto después de medio siglo XX, introduciendo dificultades a EEUU para mantener sus aventuras militares. El discurso de Biden trata de cubrir cierta impotencia y agobio por la sensación de vulnerabilidad que desata en los capitalistas del mundo.

“…el presidente Joe Biden interrumpía sus vacaciones y volvía a la Casa Blanca para decirles una verdad a los estadounidenses que debían oír del propio comandante en jefe. “Fuimos a Afganistán hace 20 años con objetivos claros: atrapar a los que nos atacaron el 11 de septiembre y asegurarnos de que Al Qaeda no podría usar Afganistán como base para atacarnos de nuevo. Eso hicimos. Diezmamos severamente a Al Qaeda y nunca dejamos de perseguir a Osama bin Laden hasta que lo encontramos. Eso fue hace una década. Nuestra misión en Afganistán nunca fue construir una nación. Nunca fue crear una democracia unificada y centralizada”. Negro sobre blanco. El fin de una era. En menos de un mes, Estados Unidos rememorará el 20 aniversario del 11-S con los talibanes de nuevo asentados en el poder y en vías de ser aceptados —o de alguna forma tolerados— por parte de la comunidad internacional. El jefe de la diplomacia europea, Josep Borrell, hablaba de “perseguir un diálogo por razones prácticas” mientras el ‘premier’ británico, Boris Johnson, cambiaba de opinión sobre la marcha y aseguraba que estaban dispuestos a ver cómo actuaban los nuevos hombres fuertes del país antes de tomar ninguna decisión radical. Incluso en Washington parecen dispuestos a dar un inusual voto de confianza a uno de los grupos más despreciados por la opinión pública global, tristemente célebre por lapidar mujeres, castigar ‘infieles’ y mutilar delincuentes.” https://www.elconfidencial.com/mundo/2021-08-19/geopolitica-taliban-afganistan-pakistan-china-rusia_3239258/

La crisis se demuestra en las alturas del frente imperialista occidental, que desde la OTAN habían acompañado la secuencia de invasiones a Afganistán en 2001 e Irak en 2003, y todo el pretendido combate al terrorismo, desatando la islamofobia y el subsecuente miedo a los migrantes de Asia y África.

La embajadora alemana en Washington, Emily Haber, advirtió a Berlín el pasado 6 de agosto, una semana y media antes de la caída de la capital afgana, de que se esperaba un escenario Saigón en Kabul. En un informe telefónico al Ministerio de Exteriores alemán, informó que la Administración de EE.UU. contaba con que el gobierno afgano podría colapsar más rápido de lo esperado y sugirió que los planes de emergencia para la Embajada alemana en Kabul deberían activarse. Alemania debería estar preparada para el hecho de que, si la situación empeoraba, los estadounidenses actuarían solos y sin consultar a los Aliados.” https://www.abc.es/internacional/abci-eeuu-advirtio-alemania-sobre-desastre-kabul-202109071054_noticia.html#vli=al-ed&vca=Diez_d%C3%ADas_antes&vmc=web&vso

Las guerras del imperio en el siglo XXI

Tras el ataque terrorista a las Torres Gemelas en 2001, EEUU asume la agenda de lucha contra el terrorismo, sin encontrar oposición abierta de ninguna potencia. El argumento intervencionista se dirige a un pequeño país de Asia: Afganistán, gobernado por un grupo radical religioso islámico, el Talibán. Triunfantes de la guerra civil entre facciones militares que expulsaron el ejército ruso en 1989. Era factible que después de la salida de las tropas soviéticas de Kabul, se extendiera al interior de la URSS –y luego de las repúblicas ex soviéticas, bajo la comunidad que liderara Rusia– el temor de rebeliones que tuvieren influencia afgana, incluso Putin amenazó con invadirles si seguían apoyando las guerrillas chechenas. https://www.lavozdegalicia.es/noticia/internacional/2000/05/22/rusia-amenaza-atacar-afganistan-ayudar-chechenos/0003_41064.htm

“”Los antiguos talibanes, en los 90, eran los que pedían la liberación de los ‘hermanos chechenos’ o los ‘hermanos uigures’ o incluso los musulmanes de Cachemira. Esta vez están tratando de asegurar a China, Rusia e India que entienden los problemas de los musulmanes en esos países como un problema interno y que no se van a inmiscuir”, detalla Fatemeh Aman, del Middle East Institute, a El Confidencial. “Es una estrategia bien pensada y está funcionando”, detalla la investigadora sénior.” https://www.elconfidencial.com/mundo/2021-08-19/geopolitica-taliban-afganistan-pakistan-china-rusia_3239258/

Una guerra de 20 años

Mientras la economía mundial avizoraba un escalamiento del neoliberalismo, con la globalización las multinacionales arremetieron con frenesí sobre las endebles economías semicoloniales y daba espacio para que inversiones y capitales apuntalaran nuevas divisiones del trabajo y el capital, expresándose en el creciente afianzamiento de China e India en la región asiática. En ese núcleo de desarrollo, EEUU intenta consolidar posiciones que le aseguren un dominio de la región y de contención a las futuras expansiones que impulsaría el crecimiento chino. China se ha transformado en la fábrica del mundo, dependiendo de los capitales mundiales para asegurar su lugar en la mesa del nuevo reparto de las fuentes de materias primas y disposición de la extracción de plusvalía mundial. Aun todos ven prevalecer el dominio financiero de EEUU, pero sustraído a la mayor crisis interna producto de su dependencia del parasitismo del mercado mundial, la tendencia a una deuda colosal y el debilitamiento militar, que cuestiona el orden impuesto en 1945, al finalizar la Segunda Guerra Mundial.

Hoy esa influencia choca directamente con un mundo más diferenciado regionalmente, con mayor peso de países como China, India, Rusia, Turquía y la propia Francia y Alemania con Reino Unido. Con la globalización los capitales flexibilizaron fronteras y la fuerza de trabajo, se extendieron los TLC y otros tratados comerciales, pero aún así no lograron el pleno dominio que aspiraban las corporaciones capitalistas (monopolios financieros, industriales y servicio-comercio) sobre los países dependientes de capital, es decir, se ha profundizado la semicolonización y endeudamiento de los estados.  La prueba de la crisis es el agotamiento de los estados para solventar crisis tras crisis. Lo que más se acrecienta son el déficit fiscal y el endeudamiento de los gobiernos  que han invertido en salvar los bancos de cada debacle financiera. Pero lo cierto es que son las corporaciones las que han diseñado las guerras para responder a los flujos financieros que necesitan rutas materiales para realizar sus ganancias. Se gastaron en cada día de los 20 años en Afganistán 300 millones de dólares, transferencia a las corporaciones armamentísticas y al dispositivo militar, además de todo el salvamento a los bancos y la industria del motor.

Pero el reguero fundamentalista se extendió por Medio Oriente, involucrando nuevas guerras, como Libia y Siria. Es así como la emergente burguesía rusa era consciente de que en medio del desorden introducido en Asia por EEUU al invadir Afganistán primero y luego Irak, lo que estaría en juego era la reorganización del dominio militar, lo que involucraría Ucrania y Bielorrusia, en disputa con Europa. Así que al pantano de la guerra civil de Siria, le seguiría el bloqueo a Irán por EEUU, la inestabilidad abierta con las revoluciones árabes y la reacción militar en Egipto. Este ajedrez de poder, involucra enormes recursos militares y la necesidad de EEUU de sostener a Israel como potencia regional, que asegure y resguarde el libre tránsito de los capitales petroleros. Con ello se arropan las reaccionarias monarquías del Golfo Pérsico, que azuzan contra Irán para reducir su capacidad productiva y de oferta petrolera, lo que ha beneficiado a Rusia como nuevo proveedor seguro de Europa y en especial de Alemania. En todo confluye un eje: el aplastamiento de las rebeliones de África, Medio Oriente y centro de Asia. En esto se unifican todas las potencias y EEUU asume un repliegue para conservar posiciones en el control de América latina.

Por tanto, en el marco de la recuperación económica de 2008, se abre la confrontación de EEUU y China por dominar los mercados tecnológicos, mientras se avizoraba una nueva crisis que emerge justo con una recesión tras la Pandemia en 2020. Todos los capitales están necesitados de un reordenamiento de las influencias regionales, pero EEUU no cede en su control de los centros financieros, apoyado en la preeminencia de sus multinacionales. Como tampoco declina su monstruoso poder bélico nuclear y de asistencia a sus aliados, en especial en el Mar de China, asediado por una competencia cada vez mayor por controlar las rutas de más mercancías en el Siglo XXI. Por ello no es menos el interés de China por asegurar la Ruta de la Seda que le una a Europa y los centros de provisión de energía.

“…los entonces líderes insurgentes ordenaban a sus muyahidines que cooperaran en la protección de varias infraestructuras clave que promovía el Gobierno de Ashraf Ghani con países vecinos. “No solo respaldamos todos los proyectos nacionales que sean de interés para nuestro pueblo y resulten en el desarrollo y prosperidad de la nación, sino que estamos comprometidos a protegerlos”, dijo el grupo en un comunicado, un compromiso que reiterarían en varias ocasiones.

Estas incluyen el gasoducto TAPI (Turkmenistán-Afganistán-Pakistán-India), una instalación de 1.800 kilómetros valorada en 10.000 millones de dólares con la que Turkmenistán aspira a transportar sus ingentes reservas gasíferas -las cuartas del mundo- para abastecer la creciente demanda de Asia del Sur; la red eléctrica CASA-1000, presupuestada en 1.200 millones de dólares y que permitiría exportar 1.300 MW de superávit hidroeléctrico de Kirguistán y Tayikistán a Afganistán y Pakistán mediante un tendido de 1.222 kilómetros, o la línea férrea Turkmenistán-Tayikistán, cuyo trazado sobre el papel atraviesa Afganistán y que lleva años generando titulares a cuentagotas. Estos faraónicos proyectos acumulan años de retraso y algunos analistas incluso dudan de que algunos se vayan a completar alguna vez-; pero se ha convertido en una visión común que alinea sobre el papel los intereses de varios actores en la región. En todos los casos, la inestabilidad afgana era citada recurrentemente como uno de los grandes obstáculos para avanzar. No cabe duda de que los talibanes serán invitados a la mesa. De hecho, ya lo han sido. El pasado mes de febrero, una delegación talibana encabezada por el mulá Abdul Baradar -, quien se perfila como el nuevo hombre fuerte de Afganistán- viajó a Turkmenistán para insistir en su compromiso en seguir impulsando esta cooperación regional. En el comunicado conjunto tras el encuentro, ambas partes destacaron “la importancia de mantener la paz y estabilidad en Afganistán”.” https://www.elconfidencial.com/mundo/2021-08-19/geopolitica-taliban-afganistan-pakistan-china-rusia

La única salida a las potencias imperialistas del viejo periodo es pactar un nuevo reparto de las áreas de influencia, donde EEUU entrega lo que le quedo más allá de sus fuerzas y posibilidades, Asia Central, partes de Medio Oriente, sigue en disputa África y América Latina. Pero incluso dentro de estos continentes los procesos de lucha interna siguen en vilo por el ascenso de masas y todavía un margen de contención por la ausencia de direcciones revolucionarias, pero sobre todo porque la clase obrera sigue rezagada políticamente, producto de una ofensiva económica y social y el peso relativo de las burocracias sindicales además del desplazamiento a la derecha del estalinismo con su estrategia de “radicalizar la democracia” en lugar de luchar por la revolución socialista.

La situación privilegiada de EEUU al controlar regionalmente el centro de Asia, específicamente Afganistán, terminó siendo un pantano sin horizonte seguro, para sus propias multinacionales a las que se hacía imposible operar libremente, ante el asedio de guerrillas y el repliegue de EEUU para defender al corrupto gobierno de Kabul, sin ninguna perspectiva de vencer al Talibán.

“El TAPI generará unos ingresos anuales de unos 400 millones de dólares [365 millones de euros] y creará miles de empleos directos e indirectos para los afganos”, asegura Abdullah Asifi, jefe de la oficina de coordinación del TAPI en el Ministerio de Minas y Petróleo. En su respuesta por escrito a las preguntas de EL PAÍS, también precisa que, una vez en funcionamiento, Afganistán va a obtener “500 millones de metros cúbicos de gas [anuales] en la primera década, el doble en la segunda y 1.500 millones en la tercera” https://elpais.com/internacional/2019/10/10/actualidad/1570701390_151803.html

El imperialismo se descompone cada vez más

La época del imperialismo como lo señalo Lenin, empujaría a mayores niveles de descomposición y parasitismo. Los grandes capitales se elevan sobre la necesaria reducción de propietarios, a la vez que se arruinan cada vez mayores sectores de las clases medias y la pequeña burguesía. La clase obrera producto de la tecnificación reduce el valor que aporta en las mercancías, pero sigue anclada a la explotación asalariada y largas jornadas de sobre trabajo. Ya la racionalidad de que la sociedad cuenta con una alta capacidad productiva, que exige menos horas de trabajo por hombre, es no solo ignorada por el capital, sino que por el contrario el capitalismo empuja a los más brutales designios de la era neoliberal, el abandono estatal de las necesidades más básicas, el predominio del paro sobre el empleo, las privatizaciones de todas las actividades sensibles como la salud y la educación, el agua, coronando este curso la era destructiva de la naturaleza y las bases para la vida en el planeta.

El desarrollo capitalista al servicio de las multinacionales en China en estos últimos 20 años ha sido sobre la base del más brutal saqueo minero y energético a ritmos de sobreproducción, de la duplicación de tierras de cultivo, de la demanda creciente de nuevos minerales que implica nuevas explotaciones en zonas vírgenes y la destrucción inminente de ecosistemas y la biodiversidad en todo el planeta, ante la desmedida cadena de bienes y servicios que demanda una nueva población con mayor capacidad de consumo, pero equivalente a EEUU y Europa juntos. Los términos de desarrollo de EEUU, Europa, Japón y China ante el resto de pueblos, solo pueden medirse en pérdida de autonomía y sujeción a nuevas condiciones de dominación capitalista e imperialista, es decir vamos a más condiciones de semicolonización.

“Para China, Afganistán es un país que ofrece muchas posibilidades interesantes: un ‘hub’ para los ejes de transporte a través de Eurasia y con considerables recursos naturales” explica Andrew Small, investigador para Asia del ECFR. Minas de cobre, reservas de tierras raras, litio, cobalto. El Gobierno afgano cifró la riqueza mineral del país en más de tres billones de dólares, incluyendo combustibles fósiles. Pekín clasifica la industria de las tierras raras como “estratégica” y, tras años de inversiones, cuenta con la absoluta hegemonía del sector REE (por sus siglas en inglés) indispensables para la industria de las telecomunicaciones, defensa y energías verdes. Fiel a su estilo, Pekín ha tratado de presentarse como un aliado más pragmático y menos intervencionista que Occidente, sin moralinas ni hipocresías. Es improbable que los chinos quieran mantener presencia militar en el país y utilizarán su libro de jugadas con incentivos diplomáticos y económicos para persuadir a sus nuevos vecinos islamistas. Asegurar esta reserva es crucial para su primer asalto por el trono de potencia de referencia global. “Los talibanes esperan la participación de China en la reconstrucción y el desarrollo de Afganistán. Estamos de acuerdo”, ha declarado Hua Chunying, portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de China, esta semana. Ya desde hace años Pekín había estudiado la opción de extender el Corredor Económico China-Pakistán (CPEC) hasta Afganistán, con la construcción de autopistas (de Kabul a Peshawar), trenes (a Kandahar) y oleoductos. Esa ampliación podría multiplicar el flujo de carga en la Nueva Ruta de la Seda, proyecto bandera de Xi Jinping. Hasta ahora, sin embargo, la situación de inseguridad había arrinconado estas ambiciones.” https://www.elconfidencial.com/mundo/2021-08-19/geopolitica-taliban-afganistan-pakistan-china-rusia

El curso de colonización se inserta en estrategias de intermediación como los talibanes, quienes son confiables por su accionar reaccionario y nada anti capitalista, ni siquiera estatista. Pero es un ejemplo de la ruta que impone una adecuación de los marcos de dominación que necesita imponer el capital a nivel internacional. Todo esto a un costo excepcional de nuevas condiciones de trabajo, bajo regímenes cada vez más autoritarios y asegurados en sistemas militares y de represión que actúan a la menor señal de malestar y resistencia ante los redoblados planes de explotación social y económica. Las burguesías sienten menos confianza en que los trabajadores y las clases medias, vean sus intereses representados en los parlamentos y los partidos burgueses que se hacen cada vez más reaccionarios a logros y a las conquistas democráticas del siglo XX.

“Aparte de intereses económicos en Afganistán -China aún guarda la esperanza de explotar cobre en la región afgana de Mes Aynak-, a Pekín también le preocupa que los grupos islamistas que operan en la región de Xinjiang, en el oeste del país, tomen fuerza.

“A los chinos les interesa hacer contraterrorismo en Afganistán, debido a las actividades de grupos extremistas uigures en Xinjiang y del Partido Islámico del Turquestán (una organización islamista fundada por yihadistas uigures)”, explica Seth Jones.” https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-58145850

Es precisamente la nueva burguesía china la que necesita asegurar su lugar en la mesa de las hienas imperialistas. Pues ningún país imperialista cederá su lugar, como no lo hará pacíficamente la burguesía ante la lucha de los trabajadores. Y es precisamente el desorden que introduce la declinación del imperialismo ante las luchas de los pueblos. Pero el imperialismo (el gran capital) sabe que asegurar su dominio se define sobre unos nuevos presupuestos, pues el capital fluye detrás de la producción, y hoy esta se concentra en Asia. Para China su crecimiento está ligado a la estabilidad de las economías capitalistas, pero ello le demanda términos de negociación y contención de su propio proletariado. Mantener la confianza de inversión de capital, se apoya en mantener los niveles de ganancia que ofrece la explotación de millones de chinos y el saqueo de recursos y materias primas en todo el mundo. El capital imperialista fluye hacia China por estas ventajas, pero entiende a la vez, que al consolidarse China se erige en nuevo árbitro de las condiciones de reparto del mercado mundial. Es sobre esta transición que EEUU y Europa, deben definir los nuevos términos de ese reparto, de manera que cada país colonial y semicolonial termina en la mesa de negociación y es intercambiable.

El nuevo reparto del mundo

Rusia se asegura sobre su poderío energético y militar, pero sobre todo en su capacidad nuclear y de tecnología misilistica. El propio régimen interno que impone Putin, es demostración de cómo los centros de poder giran en torno a los cálculos financieros y la articulación necesaria de cada burguesía con las metrópolis. Ya se ha concertado entre EEUU y Alemania, dar vía para el suministro de combustibles por la vía de Nord Extream 2. Nada más lejos el falso debate de que las democracias occidentales presionan a Rusia para que garantice libertades políticas a sus ciudadanos, el verdadero interés es la libertad de los capitales para acceder a los recursos de Rusia y todos los países del mundo.

La prensa europea denuncia el autoritarismo en Rusia y su actitud belicista, pero oculta la xenofobia que se vuelve recurso de la derecha europea para manipular la opinión pública promoviendo la persecución y el maltrato a los migrantes de África y Asia. La realidad es que antes se combatía la “amenaza comunista” (años 50 – 80), luego se pasó a la “terrorista” (años 90-2000) y hoy se utiliza a los migrantes como ficha de expediente, para ocultar la catástrofe sanitaria que han gestionado las democracias imperialistas. Primero concentrando las vacunas y luego descargando en los trabajadores los efectos de la crisis desatada por los cierres de fronteras y las cuarentenas forzadas.

Los conflictos viejos como Palestina, se suman a un mapa de nuevos repartos y saqueos que está en la mira de los grandes capitalistas y bancos. Siria, Irán, Libia, Bielorrusia, Ucrania, Afganistán, Hong Kong, Taiwán, Cuba, Venezuela, Nicaragua, Yemen, Myamar (Birmania) y muchos más en África y Oceanía. Guerras civiles, dictaduras, intervenciones de la OTAN y EEUU, hacen junto a las presiones de Rusia y China, para mostrar musculo militar y capacidad de disuasión ante la amenaza de EEUU, que permanece aún en todos los continentes como un policía del mundo. Pero lo que preocupa a todos los capitalistas es el alza de luchas y explosiones de las protestas, que toma cada vez más intensidad entre la clase obrera, aturdida en décadas de retroceso de sus salarios. A la vez es difícil que emerjan grandes partidos que sustituyan la socialdemocracia y que canalicen electoralmente a la pequeña burguesía y las clases medias urbanas, las cuales terminan asociando su supervivencia a modelos de progresismo burgués, mientras las alternativas revolucionarias y obreras siguen subterráneas y sin claridad para romper el desestabilizado orden capitalista.

Pero es continuo el peligro de guerras y escaramuzas bélicas como las de China e India, India y Paquistán, Rusia y Ucrania, Irán e Israel, EEUU y Corea del Norte, Taiwán y China. Cada intervención en fronteras o de apoyos militares por potencias imperialistas, genera tensiones suficientes para desestabilizar regiones políticas y geográficas. Por ello el interés de EEUU de valerse de su preeminencia militar, para asegurar un lugar que luce cada vez más débil por sus dificultades políticas internas. Pero a la vez necesita dar tranquilidad a los norteamericanos de que sus hijos no mueren en guerras “inservibles”. Por tanto EEUU necesita recurrir cada vez más a transferir en terceros o en maniobras que buscan desestabilizar los gobiernos que no le son confiables para sus inversiones o terminan cooptados por Rusia y China.

En 2019, Rusia se convirtió en uno de los protagonistas en las negociaciones de paz iniciadas por la administración de Donald Trump con los talibanes y la oposición afgana. Delegaciones de talibanes acudieron a Moscú para algunas rondas de las conversaciones, incluyendo al mulá Baradar. Rusia abogó por que fueran incluidos en el Gobierno de coalición, cooperaron con ellos en la lucha contra el Estado Islámico e incluso fueron señalados por suministrarles armas. A Rusia le conviene que la estabilidad de Afganistán pueda favorecer el desarrollo de los ‘istanes’ y apalancar su influencia en una región con una alicaída presencia estadounidense. Los rusos también practican una efectiva diplomacia económica, en la que ofrecen sus empresas estatales -especializadas en extracción e hidrocarburos- así como vías de financiación alternativas con acuerdos de gobierno a gobierno.” https://www.elconfidencial.com/mundo/2021-08-19/geopolitica-taliban-afganistan-pakistan-china-rusia

Para Rusia es fundamental hacer cortafuego para cualquier contagio islamista al interior de la confederación Rusa, la dinámica poblacional blanca en Rusia declina a favor de las minorías étnicas de las antiguas repúblicas donde predomina el islam, por ello no es conveniente la proliferación de corrientes que rivalicen con el conservadurismo ortodoxo.

La salida de EEUU de Asia Central aunque parecía una recompensa a las expectativas de Rusia para estabilizar la región, obligó al propio Putin a que se apersonara en los contactos con el Talibán, con el objetivo de tener garantías de que los rebeldes se concentraran en mantener el control de un país fragmentado y terreno fértil para los radicalismos que nada tienen de revolucionarios, pero que ensombrecen la capacidad un nuevo gobierno de asegurar que tras la pobreza y el narcotráfico, se vean Rusia y China atrapados en la necesidad de combatir insurgencias futuras en sus propias fronteras.

“Además, las exigencias rusas nada tendrán que ver con derechos humanos o libertades fundamentales, sino con la estabilidad. “Quieren evitar a toda costa que Afganistán implosione y se convierta de nuevo en un foco de extremismo que ponga en jaque un área estratégica”, agrega el experto. Moscú está dispuesto a esperar, pero consciente de que existen riesgos si los talibanes vuelven a ser los versos libres del integrismo islámico. “Tayikistán es el país que corre en estos momentos el mayor peligro”, advertía hace poco el vicepresidente del Comité de Defensa del parlamento ruso, Yuri Shvitkin. “Uzbekistán tiene grandes fuerzas militares en la frontera, Turkmenistán cuenta con un apoyo considerable de China, mientras que en Tayikistán existen bastantes partidarios del movimiento talibán”, avisó en declaraciones a la agencia rusa Interfax, recalcando que en la zona está desplegada la 201 División Militar del Ejército.” https://www.elconfidencial.com/mundo/2021-08-19/geopolitica-taliban-afganistan-pakistan-china-rusia

Como vemos lejos está EEUU de asumir una confrontación abierta para mantener sus posiciones geográficas, el desorden lo introduce el propio capital que necesita dominar territorios y pueblos. Para las multinacionales norteamericanas los cálculos están en recuperar su base de operaciones financiera en Wall Street, pero conscientes de las intervenciones necesarias que desde Washington se desarrollan en la contención no ya de Rusia y China, sino del movimiento de malestar que se desarrolla dentro del proletariado mundial, que se resiste a una agenda de sobrexplotación y saqueo, donde las grandes potencias reordenan el tablero a la medida de sus posibilidades y al servicio de su dominio del mercado y los recursos de fuerza de trabajo y de la naturaleza para extraer materias primas, sin pausas y con mayor intensidad.

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